Lynne Ramsay ofrece una mirada devastadora a la desconexión emotiva, el egoísmo y el individualismo. Jennifer Lawrence sólo eleva su reputación como el núcleo de una película que estremece.
Lynne Ramsay ofrece una mirada devastadora a la desconexión emotiva, el egoísmo y el individualismo. Jennifer Lawrence sólo eleva su reputación como el núcleo de una película que estremece.
Es una biopic musical diferente. No es raro que no conquiste a todo el mundo. Esto no es sobre el estrellato. Esto no es sobre brillar. No es sobre el cuento de fantasía que tanto anhelan las masas.
Cruel, oscuramente graciosa y perturbadoramente explícita. Hay sátira, hay body horror, hay obsesión putrefacta con la muerte y el envejecimiento.
Habla de actualidad, habla de futuro, de revolución y represión, de discursos radicales y otros aún más extremos; todo amarrado con actuaciones y soundtrack sobresalientes.
Ari Aster tenía un as bajo la manga para 2025 y era diseccionar la sociedad gringa con el filo de una oscurísima sátira, película que refleja lo retorcido que habita en Estados Unidos.
Si este es el comienzo del fin, la película sólo eleva las expectativas de cara a los próximos tramos de la historia, gracias a visuales alucinantes y una historia que no se queda corta en acción o emotividad.
Darren Aronofsky, aunque muy diferente a Requiem por un Sueño, Madre! o La Ballena, apuesta esta vez por una película mucho más accesible y entretenida.
No será lo que los fanáticos del horror esperan. Pero al menos apuesta por ser una adaptación distinta del clásico.
Alex Garland, en conjunto con el ex Navy Seal Ray Mendoza, navegan los horrores de conflictos bélicos recientes con impactante precisión y los ingredientes necesarios para reducir el espectáculo y elevar el relato de una terrible experiencia.
Wes Anderson ofrece una historia que sigue deslumbrando en lo visual, pero que comienza a causar dudas sobre el atractivo de su tramas.