LA EMPLEADA - THE HOUSEMAID

Reseña de La Empleada: La ruina de la fantasía

Esto era inminente que ocurriera, sobre todo dado el éxito avasallador de la novela. Lo de Freida McFadden convertido en best seller, con más de 15 millones de copias vendidas en el mundo, hizo que a Hollywood se le afilaran inmediatamente los colmillos. La maquinaria se mueve y la combinación de rostros reconocidos del momento -Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brendan Sklenar, Michele Morrone- dan pie para el salto de plataforma. La fórmula es conocida, también los resultados: se ajusta a lo que los fans esperan, pero dista de ser una adaptación deslumbrante, o siquiera tan intrigante como otras producciones de thriller psicológico doméstico que utilizan sus mismos recursos de La Empleada.

Se trata de una historia simple y directa, que maneja los mismos tiempos apresurados de la novela. El libro se escribe con frases y capítulos cortos, sensaciones viscerales y una cuota de misterio que se va cultivando desde la perspectiva de la protagonista Millie. Es como si su trama, por lo mundano de lo que cuenta -o por el poco atractivo de su narradora-, estuviese constantemente preocupada de perder al lector. De ahí que fuese un éxito entre TikTokers, audiencias de atención volátil y consumo ultra inmediato, aunque siempre a la espera d eun inminente quiebre en el argumento que te reconquiste y haga pensar ‘¿cómo demonios va a terminar esto? Y, claro, esas mismas pautas se juegan en la película.

Sin duda todo parece superficial, cursi y predecible. Así está concebida la historia desde su origen, y así tiene que ser para que una vez revelado el gran giro, esta maniobra funcione de esa misma manera incómoda. Pero el abrupto cambio de ruta en La Asistente no es tan interesante, o siquiera cultivado, como si lo logró en su momento Gone Girl, de Gillian Flynn, o su adaptación a cargo de David Fincher.

Eso sí, hay puntos positivos para La Empleada cuando viene a arruinar la fantasía del hombre atractivo, bondadoso y de alto capital en sus cuentas. Un imagen idealizada hecha añicos para una mujer que primero se obnubila con la abundancia y se da de golpe con el muro de la realidad. Una especie de 50 Sombras de Grey pero a menor escala y con un secreto mucho más oscuro.

Para los que no leyeron el libro, el giro los sorprenderá. Para los que devoraron las páginas, estas representaciones de cada uno de los personajes entregan la suficiente satisfacción como para sustentar la mayoría de los cambios en sus arcos.

Porque claro que hay modificaciones. Por ejemplo, no se subrayan tanto las condiciones precarias en que vive Millie, sólo se reportan tintes fugaces para dar cuenta de su experiencia vital paupérrima; aunque sí se muestran las acciones que la condujeron a ese punto. También le restan protagonismo al jardinero Enzo; menos mal, porque Morrone es pura imagen varonil musculosa y socialmente valorada como atractiva, pero tiene menos carisma que una puerta. O también hay alteraciones al remate de la película, para hacerlo más cinematográfico. Pero no es nada relevante como para cambiar el sentido de lo que se está contando.

Si no le pides más de lo que le pediste al libro, que es una lectura de full entretención, sin mayores complejidades narrativas o gran prosa, estarás bien con esta adaptación de La Empleada.

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