Blake Lively protagoniza una película que comienza jugando con lo cursi, para desembocar en las consecuencias más dramáticas de lo que se pensaba que era un romance.
Blake Lively protagoniza una película que comienza jugando con lo cursi, para desembocar en las consecuencias más dramáticas de lo que se pensaba que era un romance.
Dos estrellas hollywoodenses sacan a relucir sus talentos, pero no son suficiente para entregar un resultado redondo.
Una premisa íntima y explorativa de un difícil momento de la vida cobra vida con potentes actuaciones en esta película.
La acción y la sangre fluyen sin problemas. El humor tiene una lengua más afilada que nunca. Y a la vez arroja sorpresivos momentos de emotividad tremendamente efectivos. ¡Una fiesta!
El sensacionalismo y el morbo alimentan una trama que tiene tanto de comentario crítico sobre la TV como también para ser una sólida apuesta en el género del terror.
Apuntando cuestionamientos a los más diversos ámbitos de la sociedad, la película resalta mensajes que se refuerzan con la actuación de la siempre soberbia Mia Goth.
Está a la altura de la entretención, las visuales imponentes y el perfil de blockbuster que cultivó su antecesora.
Una secuela que logra elevar los niveles de ansiedad y temor al mismo punto y más allá que sus antecesoras.
Probablemente será un éxito entre los espectadores más pequeños, pero salvo algunos aspectos positivos, la película queda al debe.
La nueva película de Jeff Nichols rompe con el estereotipo que actualmente se le atribuye a los amantes de las motocicletas, entregando una visión distinta sobre los MC.