No es la típica producción de Blumhouse y termina entregando una delirante recompensa para resolver el misterio que vale la pena ver.
No es la típica producción de Blumhouse y termina entregando una delirante recompensa para resolver el misterio que vale la pena ver.
Hay pocas cosas que emocionen en la filmografía de Paul W.S. Anderson, esta no es una de ellas.
Pintaba prometedora por su trama y el talento involucrado, pero termina siendo un proyecto sin alma para las producciones sobre espionaje.
Liviana hasta decir basta. Pero con su naturaleza al estilo Looney Tunes divierte al espectador menos exigente y ávido de una experiencia demente.
Una historia que se cuece en los diálogos, con un estilo incomparablemente atractivo. Muy bien por Soderbergh.
La peor pesadilla de los padres se hace realidad en esta miniserie que termina siendo extraordinaria tanto a nivel técnico, interpretativo y de guión.
Sin altas expectativas, la película se convierte en una verdadera sorpresa cargada con entretención e insensibilidad ante los disparates que propone.
Cuando se quiere emocionar de verdad, la exploración de la mente humana en circunstancias extremas arroja sabias y conmovedoras películas como ésta.
Escapa de lo que usualmente se ve en materia de animación, para surgir como una verdadera joya del cine.
No apta para quienes busquen estímulos explícitos, es más bien para aquellos que esperan una historia de espectros diferente.