Aquí tenemos una película veraniega en toda su ley. Quiere combinar terror, con una pizca de gore, gente hermosa tomando decisiones estúpidas y la amenaza de un animal doméstico a merced de incontrolables impulsos asesinos. ¿Qué puede fallar?
Primate es de esas películas pequeñas sin más ambiciones que entretener con una cuota insana de locura cinematográfica. No quiere cambiar el género, ni menos desafiar sus límites. Su trama opera dentro de unos márgenes muy bien delineados en torno a la construcción superficial de personajes que se convertirán en carne de cañón; su marcada travesía por inicio, desarrollo y desenlace; además de eludir toda posibilidad de aspirar a grandes sorpresas o giros, para centrarse derechamente en la carnicería.
La premisa descansa sobre ese latente temor de que los animales domésticos se vuelvan en contra de sus amos. Guardando las proporciones de tener un chimpancé en casa, por supuesto. Es esa sensación ineludible que posee todo cuidador que sobre piensa la relación que tiene con su mascota. El apocalipsis se desata cuando el cariño y la formación del espécimen se tuerce y se convierte en un vínculo invertido de amenazante poder descontrolado.
La película exacerba esas emociones con la traición máxima de quien es considerado como “parte de la familia”. Luego da rienda suelta a sanguinarios encuentros fatales entre el chimpancé y los humanos. Una fuerza de la naturaleza letal que aplasta moral y carne, aprovechándose del aislamiento de los protagonistas y su constante lucha por pedir ayuda o sobrevivir a la inesperada tragedia. Algo que sin duda funciona sobre todo por los efectos prácticos desaliñados a los que recurre el director Johannes Roberts.
Por otro lado, es inevitable recordar una y otra vez durante la película el caso de Charla Nash, la mujer que fue atacada por Travis, el chimpancé de su amiga, en Stamford, Connecticut, en 2009. Sobrevivió, pero la arremetida le provocó una grave desfiguración facial, ceguera y pérdida de manos. Y así, hasta podemos considerar esta película como un cuento de advertencia sobre los peligros de tener primates como mascotas, ya que Travis atacó a Nash cuando ella intentaba ayudar a su dueña.
Sin embargo, uno de los principales errores que comete la película es anunciar desde el principio lo que está pasando. No hay misterio, ni intriga. De la peor manera -un texto en fondo negro-, te revela la piedra angular de la acción. Si la regla es «muestra, no cuentes», ésta película la rompe desde el principio. Pero no para bien, como para salirse del molde. Sino que da la impresión de considerar que el espectador no estará lo suficientemente atento a lo que ocurre, como para sacar conclusiones y entender los sucesos que se presentan.
Eso es de un nivel de torpeza narrativa que le quita todo detonante de curiosidad que hace al espectador entre en la trama. De ahí en adelante -o sea desde el primer minuto-, el espectador siente que sólo vino a las faenas. Dígase también: cómo se van a resolver las muertes y quienes van a sobrevivir.
Primate es violenta, abrumadora, ruidosa, tampoco se toma muy en serio, y hasta logra ser desesperante por momentos. Sí, muchas cosas reunidas como recompensas constantes para acaparar la atención de un espectador volátil. Muy película veraniega. Liviana, entretenida, para nada memorable. Ni más, ni menos.