Exterminio: La Evolución es digna sucesora de la película de 2002. Sobre todo en sus aspectos técnicos. Filmada en su mayor parte con un iPhone 15 Pro Max, viene a homologar lo que hizo la original con la cámara Canon XL1 y su registro digital. La vibra de documental se mantiene, y la fotografía, además de los trucos de edición y montaje tan de videoclip, tan de Danny Boyle, permanecen deslumbrantes a los ojos del espectador. Tan repentinos como caóticos, tan horripilantes como bellos.
Pero si venías en busca de una clásica película de zombies, en la que los sobrevivientes sólo deben luchar contra los no-muertos de las más diversas formas, desatando largas secuencias de acción, gore y violencia; la verdad es que con 28 Años Después estás equivocado de entrega y hasta de saga.
Lo de Danny Boyle y Alex Garland aquí mantiene la misma idea fuerza de la producción de 2002: el profundo declive de la psique en circunstancias extremas. Los infectados son adornos, apenas una fuerza opositora voraz, para contar algo más grande: la deshumanización en distintos niveles de las personas enfrentadas al escenario post apocalíptico.
Si bien la película cuenta con los aspectos de brutalidad descritos anteriormente, estos no son lo crucial de la trama; como sí lo es la exploración psicológica de sus protagonistas. En una primera escena está el «sálvense quién pueda» y después viene un «aférrate a tus creencias». ¿Acaso tu Dios te ha abandonado?, parece cuestionar. Más tarde, el espectador asiste a una historia de transición hacia ser adulto en un paisaje amargo, donde los mecanismos para socializar sientan sus bases en cumplir con cultos a la violencia bajo un manto de excusas sobre mantener la paz y el orden.
Seguimos al joven protagonista en un viaje junto a su padre, con el que busca graduarse ante su comunidad y validarse frente a sus pares. Lo clásico: consumar tradiciones que sirven al hombre como animal de costumbres. Expuestos al peligro, el muchacho se ve sometido a una obligación que le provoca conflictos, avanza hacia la pérdida de la inocencia y el compromiso de su sentido moral. No por nada, se escucha el poema Botas!, de Rudyard Kipling, de fondo: es la decadencia del soldado.
Lo interesante viene cuado el niño quiebra con las expectativas de su progenitor -y también del espectador-, ante un episodio completamente desconcertante con el que se encuentra. Tras un ritual de celebración de la adopción de la brutalidad que eriza los pelos, el foco de la historia gira hacia uno de sus aspectos más llamativos: la esperanza entre la desolación.
Los planteamientos entonces cambian. Se corren riesgos ya no por el afán de cumplir con imposiciones culturales, sino por razones tan benevolentes como la necesidad de encontrar una cura para su madre enferma. Y en el trayecto se detona una travesía que pone al espectador a reflexionar sobre aspectos cruciales de la vida como si el humano nace impoluto o trae consigo una cuota de maldad, las diferencias generacionales sobre los cánones de belleza y hasta entender la muerte como un proceso natural. Alex Garland no se queda corto en sus ideas con un guión que se aprovecha de las nefastas circunstancias de este universo para ponerte a pensar.
Quizás es un poco dispersa en sus planteamientos, y probablemente eso incomodará a más de un espectador -sobre todo al que quiere más acción que reflexión-. Pero claro, como se hacen actualmente las cosas en el mundo del cine, esto es sólo una porción de un arco más grande. Es un nuevo comienzo para algo que está planeado como trilogía, con Nia DaCosta a cargo de la próxima película (28 Years Later: The Bone Temple) y Danny Boyle retornando para el final con la tercera.
Es una forma traicionera de ejecutar los planes, porque cuando el arco del protagonista parece que va a cerrar de una manera perfecta, forzozamente introducen elementos que establecen el lazo con lo que vendrá. Aspectos que incluso parecen fuera de lugar y tono, después de dos horas de la largometraje. Pero así lo escogieron sus creativos.
Exterminio: La Evolución ofrece momentos aterradores, violentos y tensos, además de actualizar la configuración de los monstruos con formas y comportamientos que parecen más siniestros. Pero sus fundamentos más valiosos están en retratar las experiencias y el desarrollo humano en situaciones inhóspitas. Ahora queda esperar qué es lo que van a plantear con las próximas películas. Una incertidumbre latente.