Una película que explora las entrañas de la religión y los sistemas de creencias, con un escalofriante villano que nunca pierde el control, interpretado por Hugh Grant.
Una película que explora las entrañas de la religión y los sistemas de creencias, con un escalofriante villano que nunca pierde el control, interpretado por Hugh Grant.
El regadero de sangre y cercenamiento de partes corporales está a la orden del día en una película que arrasa con la corrección política y la hipersensibilidad reinante en la actualidad.
Hecha por fans para fans, esta película es de difícil acceso para el público masivo que no esté abierto a un pequeño cuento de terror conducido por el agente paranormal.
Aunque tiene algunos chispazos de frescura en su propuesta, la película no logra hacer crecer la mitología en torno a su entidad malvada y sólo descansa en los laureles de los estremecedores momentos que heredó de su antecesora.
El mito del vampiro se pulveriza en una adaptación deslavada de Stephen King y que no deja nada para la posteridad.
La apuesta del director Chris Nash tiene buenas ideas, pero falta pulir la ejecución y el atractivo de sus personajes.
Si bien consigue momentos tensos, después del giro lo nuevo del director James Watkins cae en lo genérico y pierde la gracia.
Tim Burton demuestra que aún tiene el don que caracteriza su filmografía, pero necesita canalizar sus esfuerzos en crear algo nuevo que sorprenda.
Un viaje soñado de relajo termina desatando una fuerza justiciera imparable, en el debut como directora de Zoe Kravitz.
El director Oz Perkins se da un festín con un juego del gato y el ratón que goza de una tenebrosa atmósfera y un final que se queda para tus pesadillas.