¿La séptima es la vencida? No lo creo, pero aquí estamos. La nueva entrega de la saga de los dinosaurios provee algo de entretención pero eso no es suficiente para ocultar que está contando otra vez lo mismo, en la misma historia.
¿La séptima es la vencida? No lo creo, pero aquí estamos. La nueva entrega de la saga de los dinosaurios provee algo de entretención pero eso no es suficiente para ocultar que está contando otra vez lo mismo, en la misma historia.
A pesar de que todo remake es un ejercicio mayormente innecesario, esta adaptación de Cómo Entrenar a tu Dragón toca las mismas sensibilidades que la película original, manteniendo el viaje increíble.
Si bien logra el tono y los mensajes con la sensibilidad de la original, hay un aspecto del remake que no logra posicionarlo como el gran evento cinematográfico que Disney nos quiere vender.
En La Leyenda de Ochi, Yuri es una joven que ha crecido temiendo a los Ochi, misteriosas criaturas del bosque. Sin embargo, cuando encuentra a un bebé Ochi separado de su familia, se embarca en una peligrosa aventura para reunirlo con los suyos, enfrentando desafíos que pondrán a prueba su coraje y le enseñarán el verdadero significado de la conexión con el mundo natural.
El primer esfuerzo familiar de A24 es hermoso. Así de simple. El foco está en la historia, las ideas permanecen en las emociones y en el aprendizaje; como debe ser en una entrega coming-of-age.
De ahí para adelante es sólo dejarse llevar por una atmósfera de romper las reglas y desmitificar las tradiciones. Prácticamente descubrir el mundo a través de un prisma que se construye con nuevas experiencias, que abandona el enfoque heredado, cargado de prejuicios e inseguridades de los adultos.
La protagonista escapa de convicciones religiosas retrógradas que intenta inyectarle un padre frustrado, por el despecho de una relación amorosa quebrada por el tiempo y sus rígidas convicciones. Tras una experiencia extrema con el enemigo impuesto a través de los relatos transgeneracionales de su comunidad, la niña descubre que el odio albergado por su padre carece de sustento y entonces se detona el viaje.
La película te pega justo en el niño que se deslumbró con E.T., Pie Grande, Beast of the Southern Wild o Where the Wild Things Are, cuando las vio por primera vez. Es una combinación de sensaciones. Mucho de eso tiene que ver con que las marionetas utilizadas en la película te hacen conectar mucho más que si todo fuese digital. Es pura sensibilidad inyectada directamente a la fibra de la infancia.
Por otro lado, esta opera prima del director Isaiah Saxon deja espacio al espectador para que haga las conexiones que aparentemente «faltan» en pantalla. Lo que pasa es que están ahí, se establecen las pistas pero no te lo muestran todo. Afortunadamente, precisan lo justo.
Estamos ante una travesía de reconciliación con lo perdido y motivar el cambio de lo anticuado, tradicional y conservador. Eso, junto con un llamado a conectar con lo primitivo, con lo diferente y lo natural. Muy bonita La Leyenda de Ochi.
Liviana hasta decir basta. Pero con su naturaleza al estilo Looney Tunes divierte al espectador menos exigente y ávido de una experiencia demente.
Una película traicionera, que te ilusiona con entretención, pero entrega poca novedad.
No ha habido una película este año que sea tan emocionante y entretenida a la vez. Es para albergarla en el corazón.
La hazaña de los hermanos fontaneros se defiende en lo visual y musical, pero queda al debe con su narrativa.