Una película a todas luces entrañable.
Una película a todas luces entrañable.
Viaja sobre marcha segura en una misión con desarrollo cronológico, avance vertiginoso y unas cuantas pequeñas sorpresas.
Su efectiva combinación entre el thriller de sobrevivencia y el horror de monstruos, sin abusar de sus recursos, logra dejar con una sensación realmente positiva.
Hay que reconocer que este camino tiene baches que cobrarán mayor o menor peso, provocando más de algún debate o discusión, de acuerdo con la percepción de cada espectador
Mucha estética, mucho glamour y grandiosa espectacularidad, para maquillar el accidente devastador que es su argumento vacío.
Su simpleza impresiona, su sensibilidad cala hondo y su sinceridad es abrumadora.
Te pasea por un laberinto de incógnitas que no se agotan y te redireccionan, para elaborar, contraer y finalmente soltar una gran historia en un espacio reducido.
Desde Rush (2013), de Ron Howard, que no se veía una película tan atractiva con los autos y pistas como foco de atención.
Este nuevo paso en la saga es uno firme y emocionante en sus planteamientos sobre el crecimiento personal.
El Irlandés es la evidencia fehaciente de un legado de aportes extremadamente valiosos al séptimo arte entregados por Martin Scorsese.