Se trata de un espectáculo colosal y absoluto como sólo James Cameron sabe hacer, y que se debe ver en la pantalla más grande y con el mejor sonido posible.
Se trata de un espectáculo colosal y absoluto como sólo James Cameron sabe hacer, y que se debe ver en la pantalla más grande y con el mejor sonido posible.
No es para todo el mundo, ni menos para los más fáciles de escandalizar. Tampoco es para personas con estómagos sensibles.
Tiene aspectos positivos, pero el contrapeso de sus falencias termina opacando ese trabajo de reinvención.
Es inquietante el nivel de la debacle emocional con que juega en las tripas de su desquiciada trama.
No sé si así lo imaginó Patricio Guzmán, pero lo hizo de nuevo. Su película, toda una experiencia.
Se siente con la suficiente libertad que no se permiten otras entregas emanadas desde las viñetas.
Sin ser exigente, el viaje resulta.
No es que la historia antes no desafiara las leyes físicas, es que lo que hicieron da para risas burlescas.
Disculpen la sinceridad.
Sorpresas y horror entretenido garantizado.