Como todo en Hollywood es cíclico aquí nos encontramos nuevamente con este tipo de película. Una rareza sangrienta que se coló en el mainstream. Suculento bocadillo para los amantes del gore y la violencia como espectáculo. ¿Contradictorio? No tanto. Ya lo hemos gozado antes en entregas pequeñas, pero ultra adrenalínicas e imparables como Crank (2006), Shoot ‘em Up (2007) , Guns Akimbo (2019) o más recientemente Boy Kills World (2023).
El festín que entrega Te Van a Matar (They Will Kill You) es altamente estilizado, mezcla cercenamiento de extremidades corporales, persecuciones con decapitados, ojos fuera de sus cavidades como espías y obviamente una gran presencia del cola de flecha en una insperada forma; con un efervescente uso de las cámaras -no sólo en sus movimientos sino que también con los lentes empleados-, efectos prácticos horripilantes, CGI no sobresaliente pero decente, y coreografías de alta combustión en espacios cerrados de engañosas dimensiones.
Zooms bruscos, sonidos caricaturescos que refuerzan las acciones de los protagonistas y ciertamente un humor retorcido, aportan al viaje. Hay que estar abierto a una experiencia que parece tan atractiva como ridícula. Parte con un drama serio y luego returece todo, sin recargar el suspenso o mucho de la atmósfera, para poner el pie en el acelerador hasta provocar la colisión con un remate tan descabellado como su premisa.
La temática del rico pactando con el demonio para mantenerse vivo u obtener beneficios personales no caduca jamás en el cine. Por lo mismo, parece sospechoso -aunque no menos divertido- que esta apuesta llegue en la misma víspera del estreno de Boda Sangrienta 2 y ante la proliferación del fascismo en el mundo. Es un buen maridaje para una double feature.
Eso sí, viene la advertencia. Te Van a Matar es más estilo que sustancia. Mucha, mucha estética visual y sonora. Hits muy bien calados con los desmembramientos y hachazos a los cráneos. Ojos quedarán encandilados con esas golosinas llenas de hemoglobina que gustan a los fans del género. Pero el drama en su núcleo nunca se siente lo suficientemente explorado. Tampoco su faceta «eat the rich». Son la justificación para la masacre. No mucho más. El objetivo se mantiene firme y hay algunos giros inesperados, otros predecibles; pero nada que la eleve por sobre lo que es: un furioso y desenfrenado camino de venganza.