El mundo está controlado por poderosos que sucumbieron a la tentación. Familias de élite hicieron un pacto con el Diablo y se posicionaron en lo más alto de la cadena alimenticia mundial, al punto de que controlan riquezas y hasta conflictos globales a su gusto. Ahora, estas estirpes deben proteger su culto. Ese es en el universo en que se mueve Ready or Not (cualquier semejanza con el mundo real es mera coincidencia).
Y este es el escenario de Boda Sangrienta 2 (Ready or Not: Here I Come). El espectador se reencuentra con Grace (Samara Weaving) ensangrentada, viva, sola y completamente transformada por lo que sobrevivió. Poco después descubre que ha alcanzado el siguiente nivel del juego, y esta vez el desafío lo vivirá con su hermana distanciada Faith (Kathryn Newton).
Lo llamativo de la película es que Grace tiene una oportunidad para zafar de este infierno y mantener con vida a su hermana, pero también puede reclamar el Alto Trono del Consejo que controla el mundo. Entonces, empieza a jugar a la par con sus cazadores. Se nivela la cancha.
La carnicería con los peores estereotipos de «sucios ricachones» es una gozadera total. La burla contra la élite es absoluta. Cuatro familias rivales hostigan a Grace para hacerse con el trono, y quien gane lo gobernará todo. Entonces, se revelan las verdaderas personalidades de los poderosos: ratas traicioneras, cobardes, egoístas, torpes, enfermizamente ambiciosas, egocéntricas empedernidas y hasta fraticidas.
La nueva persecución trazada por los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett tiene tanto de explícito, como psicológico y crítica social. Siempre con el horror excesivo desbordado que los caracteriza. Muertes elaboradas y sangrientas mezcladas con humor negro y situaciones absurdas, que funcionan por su propia demencia.
En esta proeza del tipo «eat the rich», Samara Weaving confirma una vez más su potencial protagónico. Su carima, su mirada intensa y su osadía al correr, golpear, patear e insultar cubierta de sangre, son tremendas golosinas para los fans del género.
Curiosamente, uno de los momentos más significativos en la evolución del personaje, es cuando ella se da cuenta de que para vencer a sus adversarios ya no importa tanto la violencia o lo despiadada que pueda ser, sino que debe plegarse con sus reglas. Entra la astucia. La única forma de derrotarlos es sometiéndose a los mandatos que este culto tanto respeta y ocuparlos a su favor.
Todo este nuevo viaje se trata de eso. Ya no es sólo la sobrevivencia. Incluso los satánicos juegan de acuerdo con el manual, y aquí asistimos al proceso de ser acabados con su propia medicina. Verlo es tan entretenido como la primera película y, por lo mismo, Boda Sangrienta 2 sale airosa como secuela.