TERROR EN SILENT HILL REGRESO AL INFIERNO - RETURN TO SILENT HILL

Reseña de Terror en Silent Hill: Repulsión antes que encanto

Hace tiempo no se veía una película que se esforzara tanto por provocar repulsión en el espectador, antes que intentar encantarlo. Es que apenas en la presentación de los personajes, Terror en Silent Hill: Regreso al Infierno ya te está sacando de la historia. No por lo cursi de la situación que apuntala como punto de partida, sino por lo técnico. Y así se mantiene el resto de los más de 100 minutos de duración: es un vaivén inestable que lucha entre atractivos visuales, horrores surreales, situaciones que no encuentran conexión y un guion pobre que intenta desesperadamente amarrar todo.

Cuando una misteriosa carta lo llama de vuelta a Silent Hill en busca de su amor perdido, James encuentra un pueblo olvidado y se topa con figuras terroríficas tanto familiares como nuevas, y empieza a cuestionarse su propia cordura.

El director Christophe Gans nos presenta una pareja que logra su momento idílico al conocerse. Pero luego nos abandona en un futuro incierto con el protagonista ebrio y aplastado por una culpa al parecer inexplicable.

La primera instancia -cuando se conocen- te saca de la acción por cómo se delata el pésimo uso de la pantalla azul para fondos digitales, la pobreza de los decorados que rodean a los personajes y una iluminación deplorable con la que todo se ve falso, además de carente de espíritu. Luego, una aún más paupérrima actuación de Jeremy Irvine te confirma a gritos que este no será un buen viaje.

Una vez en el pueblo, las cosas comienzan a tambalearse aún más. Mientras algunos efectos digitales funcionan muy bien en conjunto con otros prácticos, además del maquillaje y la atmósfera; hay instancias en que las transformaciones constantes castigan los ojos del espectador con resultados terribles. En contrapunto, lo real, lo físico, lo práctico, a pesar de lo monstruoso que sea, se siente palpable y luce atractivo. Esto denota el cariño invertido en la producción, pero no la salva del todo.

Luego, el guion cuenta una historia tan fragmentada que perjudica su coherencia interna. Está bien que se quiera contar una historia críptica y más bien abierta a interpretaciones, pero hay que entregar a las audiencias las suficientes pistas para que unan los puntos. Eso, la película no lo hace. Sólo propone insinuaciones. Desperdiga cotilleos sobre infancia traumática, sectas siniestras, rituales satánicos y hasta abusos. Pero nunca llega a unir los hilos de manera apropiada -o siquiera comprensible-.

Todo esto se entrega mientras James recorre el pueblo entendiendo menos que el espectador lo que está pasando. Al mismo tiempo que se va encontrando con versiones de Mary cuyos cambios y representaciones nunca llegan a contar con la carga simbólica que realmente tienen, porque jamás se conectan claramente con la psicología del protagonista. Creando más y más vacíos para la narración.

Los monstruos icónicos están para deleite de los fans de videojuego. Pero más que eso no hay. Justificaciones de esas mismas presencias, no hay. Grandes momentos para que se luzcan tampoco hay.

Es imposible defender una película como Terror en Silent Hill: Regreso al Infierno. Por más que se argumente que está hecha para fans, esa excusa ya quedó lo suficientemente desgastada con Five Nights at Freddy’s 2. Una cosa es el videojuego y su lore, otra muy distinta es su adaptación cinematográfica. Una película no puede esperar que el espectador vaya a otro medio para entender lo que ésta quiere contar.

Aunque aquí se nota esfuerzo, y hay momentos fugaces para decir «sí, esto quedó decente», la sensación final es que no hay nada bien contado, memorable o si quiera que emocione. Las actuaciones provocan poco y nada, la historia parece una acumulación de instancias aisladas y las visuales nunca logran un punto de equilibrio. Silent Hill aún no tiene justicia cinematográfica.

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