Wicked: Para Siempre viene a desenmascarar la verdadera naturaleza de esta historia. Algo de eso se vio en el final de la Parte 1, pero aquí ya no hay vergüenza y se planea derechamente con todos sus tonos, conceptos y colores. Y es que tras la fantasía, las canciones y los sets con grandes decorados, se esconde una película de manual sobre una dictadura.
La figura del Mago de Oz es la cabeza autoritaria de un estado que mantiene a sus ciudadanos oprimidos, bajo discursos grandilocuentes y promesas de bienestar. El pueblo vive a la sombra del miedo instaurado por la narrativa sobre un enemigo colectivo común que amenaza la estabilidad de sus vidas.
Y así, entre melodías alegres y otras dolorosas, va chequeando cada una de las casillas para convertirse en el retrato de una sociedad totalitaria. Está el control político de la gente para mantenerse en el poder por parte del Mago; la manipulación de las comunicaciones ejecutada por la Sra. Morrible para instalar a Elphaba como villana; los animales parlantes como exiliados y también como prisioneros políticos; la restricción de libertades personales; la lucha revolucionaria furtiva para derrocar al régimen. Todo dice presente.
Aquí Elphaba queda convertida en la Malvada Bruja del Oeste y luchadora contra el sistema fascista que se hizo con el poder a punta de mentiras. Aunque el espectador sabe que es sólo víctima de las circunstancias, sus orígenes y la carga de su diferencia física. Con ello se cristaliza en una revolucionara opositora al régimen.
Mientras que Glinda queda reducida a ser básicamente lo que en política se conoce como una “idiota útil”, o sea una persona que, creyendo que apoya una causa, es utilizada sin que se dé cuenta para promover intereses que no comprende del todo. Así, es manipulada por los principales actores políticos de Oz para servir a sus objetivos, creyendo que está luchando por sus propios principios.
Todo queda hermosamente planteado en una primera parte de la película que sienta las sólidas bases del contexto en que opera el argumento y lo que realmente se quería contar. Eso hasta que llega lo inevitable y predecible: el enlace con El Mago de Oz, los arcos de redención y la corrección política de cerrar en una nota alta y amable para todos los personajes.
Con ello viene la aparición de una Dorothy a la que nunca le vemos la cara, para no quitar el foco sobre nuestras protagonistas; también la revelación del origen de sus tres acompañantes y el camino al derrocamiento de esta colorida dictadura.
La segunda parte de la película es menos interesante que la primera. Porque opera sobre la base del material original que todo el mundo conoce y la necesidad de generar conexiones con esa historia. La trama deja de moverse con libertad y queda atrapada en la necesidad de ajustarse a la resolución. Lo que le quita la estabilidad al ritmo y aleja las grandes sorpresas del camino amarillo. Sin embargo, es interesante ver el tras bambalinas de un clásico y cómo se resuelve todo entre las protagonistas. Habrá lágrimas, pero también una notable escena de cachetadas, que queda entre lo mejor de la película. Sólo por lo cómico de las interpretaciones, sino que porque evidencia que un tirano está dispuesto a todo con tal de no soltar el pedestal que lo sostiene.
Wicked: Para Siempre curiosamente se adapta a la pantalla grande en tiempos en que el fascismo avanza nuevamente en el mundo. Es como si las consecuencias nefastas de líderes autoritarios no se hubiesen sufrido en siglos pasados. Para ello ofrece números musicales de visuales deslumbrantes, así como una mirada única a la psicología de sus personajes. Con la magia de su encanto en el frente y centro de la acción, pero sin ser tan emocionante como la primera por su necesidad de acoplarse a la historia universalmente reconocida sobre Oz. Vale la pena verla, aunque sin duda serán más los fans los que la disfrutarán, antes que el público general.