MATATE AMOR - DIE MY LOVE

Reseña de Mátate, mi amor: Pura desolación

En Mátate, Mi Amor, Grace, una escritora y joven madre, se va sumiendo poco a poco en la locura. Encerrada en una vieja casa en Montana, la vemos cada vez más agitada y errática, dejando a su compañero, Jackson, cada vez más preocupado e impotente.

La adaptación que hace Lynne Ramsay de la novela de Ariana Harwicz es una película que habla del individualismo en el que estamos sumergidos. Nadie entiende al otro, cada uno vela por lo suyo. Puro egoísmo. El nivel de incomprensión llevado al extremo. La empatía destrozada por la idealización de la maternidad.

Una maternidad que se siente como esclavización para la mujer, mientras la figura masculina se desliga con los más amplios pretextos. Ella sufre, el no entiende nada. Es una maternidad que desestabiliza emocionalmente. Quiebra la intimidad. Posterga los deseos de la mujer. Anula sus capacidades laborales.

Una maternidad que castiga ética y moralmente si no se cumplen los estándares de lo que la sociedad piensa sobre ella. Que conlleva una condena como lastre para continuar con una tortuosa vida. Eso hasta ejecutar un proceso propio de auto destrucción. Ella exige estímulos radicales, impactos potentes, para mantenerse consciente. Una tortura impuesta para sentirse viva.

Entonces, la realidad se distorsiona. Dónde comienza lo real y dónde parten las ilusiones, no está claro para nada. Esta es otra película sobre depresión. Otra forma del trastorno. Una depresión post parto. Una angustia usualmente invisibilizada y que ahora Lynne Ramsay decide no endulcorar. Para eso exprime a más no poder las capacidades interpretativas de Jennifer Lawrence.

El escenario es desconsolador. Es brutal. Desorienta y mortifica. Hace palidecer la vida misma, como gritan los deslavados colores de la película. Atrapa, como el formato 4:3, más cuadrado y claustrofóbico, en que se presenta el largometraje.

Mátate, Mi Amor es la consolidación de un creciente descontento con la vida. Nada tiene sentido, porque las experiencias que se tenían se perdieron con un giro de tuerca. La química, el cariño, el apoyo mutuo, se arruinaron en el camino. Y cómo no, si vivimos en un mundo en el que a nadie le importa el otro, mientras se mantenga el orden público y privado.

Esto es la descripción de una situación personal, pero habla de un panorama colectivo donde lo que le ocurre al vecino carece de relevancia, siempre y cuando no me pase a mí. Actualmente, las películas con registros más íntimos están reflejando esa insensibilidad social y eso es básicamente pura desolación.

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