DEPREDADOR TIERRAS SALVAJES - PREDATOR BADLANDS

Reseña de Depredador, Tierras Salvajes: Gloriosa cacería

Dan Trachtenberg ha demostrado ser todo lo que le hace bien a una saga como Depredador. En 2020, lo que parecía un tímido acercamiento de menor escala estrenado apenas en streaming en medio de la pandemia, resultó ser una positiva revitalización de la saga. Prey ejecutó la misma fórmula del cazador siendo cazado, pero al mismo tiempo planteó ideas, potenció las proyecciones a futuro.

Eso se reforzó con la gran apuesta animada a modo de antología que dirigió después Trachtenberg, Asesino de Asesinos. Los Yautja no sólo tienen presencia ante los humanos en la modernidad, han estado visitando la Tierra desde tiempos inmemoriales. La idea: encontrar al guerrero definitivo que les haga frente. En una disputa por el honor, la dignidad y la fortaleza.

En esa película hizo que la mitología de los Yautja creciera aún más, al plantearlos ya no como una especie meramente brutal o salvaje, con ánimos de competencia. El alienígena no vive del caos y la anarquía, sino que forma parte de una sociedad organizada, tecnológicamente avanzada y con una jerarquía patriarcal vertical aparentemente inamovible.

La continuidad de todo este espíritu viene a revolucionarse con el tercer paso de Trachtenberg en la dirección. Tierras Salvajes tiene todos los elementos reconocibles de la saga, pero decide alterarlos para subvertir las expectativas. Primero que todo, decide cambiar la perspectiva narrativa. Esta entrega se cuenta desde la aventura del mismísimo depredador Dek, algo que nunca había pasado antes. No hay humanos a la vista, sólo un escenario profundamente inhóspito.

La acción parte sin mucha espera. Dek se pone a prueba para conseguir su camuflaje y una devastadora tragedia que afecta a su familia detonará la cacería-ritual más categórica de su vida. En su camino, el yautja deconstruye los principios de su formación y las tradiciones de su clan, para darse cuenta que hay mucho más allá afuera. En el camino conoce a una sintética de Weyland-Yutani y un habitante del planeta despiadado que debe enfrentar, algo que alterará su percepción de la vida en sí misma.

Dek viene de esa estructura patriarcal casi fascista impuesta por sus mayores.  La fuerza bruta es capital social. La caza fructífera ante adversarios formidables es sinonimo de honor. Todo lo que se salga de los márgenes socialmente aceptados dentro de su especie terminan siendo demostraciones de debilidad. El miedo es una forma de respeto. Y ya sabemos quién ocupa el miedo para gobernar…

Dek es un paria dentro de su familia. Es discriminado por su físico. Por lo que su anhelo por ganarse el respeto de su padre llega a niveles enfermizos, autodestructivos y ciertamente catastróficos para quienes lo rodean. Tierras Salvajes es un viaje de autoconocimiento. De apartar la comprensión literal de sus experiencias y entablar relaciones de beneficio mutuo que pueden ser más complejas de lo que conocía.

El drama familiar, el quiebre de las tradiciones y las alianzas inesperadas ya hacen de ésta una película que vale la pena ver. Si a eso se suma que esta historia está llena de acción, el círculo se completa. Las secuencias de combate, persecuciones y las criaturas son pura diversión. Y no se queda corta en lo épico, cuando amplía sus escalas. El formato IMAX eleva todo aún más.

Depredador: Tierras Salvajes tiene todo lo que queremos ver en un blockbuster y secuela de una gran franquicia. Hay acción despampanante, una historia que cambia la dirección de la saga, una ampliación cada vez mayor de la mitología en torno a los Yautja y el aroma a un crossover inevitable pero con mejores bases que lo que ya se ha visto antes. La historia de Dek, Thia y Bud es el inicio de algo. Lo que cuenta se siente poderoso y dan ganas de ver más. Finalmente, es una gloriosa cacería.

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