SPRINGSTEEN MUSICA DE NINGUNA PARTE - DELIVER ME FROM NOWHERE

Reseña de Springsteen, Música de Ninguna Parte: La cristalización de un lamento

Las expectativas pueden traicionarte. Si esperas una historia del camino al éxito, ese click con que el artista desbloqueó su llegada al público masivo y la explosión de sus canciones en los charts internacionales; Springsteen: Música de Ninguna Parte definitivamente no es lo tuyo.

La advertencia viene de entrada. El director Scott Cooper no se decanta por la puesta en escena, la espectacularidad y el delirio desatado por un ídolo. Escoge todo lo contrario para esta biopic. Se sumerge en un drama psicológico. Es el camino solitario de la creación artística y su defensa orgullosa del material que surge como consecuencia.

Del artista de grandes estadios hay poco y nada. Del hombre agobiado por la fama, con profundos “daddy issues”, y una desconexión crítica con la realidad; pues hay mucho. La visión plasmada en pantalla tiene que ver con la psiquis de Springsteen desmoronándose. Y con su disco Nebraska como la cristalización de un lamento por sus experiencias. Cantos sobre asesinos en serie, sobre violencias por largo tiempo soportadas, la nostalgia de pertenecer a algo y ahora permanecer flotando en un vacío carente de sentido, o la percepción de un goce aplacado.

Mientras el artista ve comprometida su salud mental, las garras del capitalismo amenazan con coartarle su epifanía imaginativa. La discográfica no quiere un despunte de novedad en su música, quiere el hit; como siempre. No quieren sorprender, quieren aferrarse a lo que puede generar dinero. Es lo artístico y lo económico enfrentados nuevamente.

Si el espectador tiene ese mismo anhelo de la discográfica, quedará desconcertado. Por que si bien la película parte genérica, luego navega por aguas aún más desesperanzadoras. Es una tempestad que carece del pánico y la locura que acostumbran las biopics musicales. Aquí hay un retrato que se ahoga en lo profundo y en el mismísimo reconocimiento de la depresión enquistada en el protagonista.

Esa agonía queda bien representada por Jeremy Allen White, quien no se desmarca de los personajes atormentados por traumas familiares. Lo dañando está, lo caprichoso también. Quizás no alcance para premiaciones, pero el hombre cumple. Eso sí, lo hace en medio de película que por momentos no se agota de recurrir a clichés y frases para el bronce. Sólo falta que en algun momento alguien le diga a Bruce que se “deconstruya” antes de continuar. Pero el concepto por suerte nunca surge, porque la historia está ambientada a principios de los 80’s, cuando la salud mental no era estandarte para nadie. La conclusión es más directa y con palabras menos diplomáticas: «necesitas ayuda».

Springsteen: Música de Ninguna Parte es una biopic musical diferente. Que demanda paciencia. Exige comprensión. Y conmueve cuando viene el quiebre y todas las piezas encajan. No es raro que no conquiste a todo el mundo. Esto no es sobre el estrellato. Esto no es sobre brillar. No es sobre el cuento de fantasía que tanto anhelan las masas. Esto se trata de conocerse a uno mismo, para entenderse y sanar.

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