Cuando el Cielo se Equivoca viene a ser mezcla de “cautionary tale” y “feel good movie” sin ánimo justiciero. Aplica puntos de presión a la sensibilidad de apreciar lo que se tiene. Lo material y lo inmaterial. Es más reflejo para una reflexión vital que la imposición de un intento de lección de vida.
Ilustra al privilegiado indolente y al luchador agobiado enojado. La película que dirige el mismo Aziz Ansari te habla sobre por qué la gente está constantemente enojada. Todos están luchando por algo. No siempre es el afán de contar con privilegios, más bien es tener una vida que les entregue paz y equilibrio. La búsqueda de la tranquilidad cuando el escenario parece adverso y no precisamente por falta de esfuerzo.
Por eso, la historia subraya que el dinero y el éxito no lo es todo. Tener miles de experiencias no sirve de nada si éstas se viven solo. Compartir, forjar lazos, construir relaciones le da sentido y valor a esas experiencias.
Una vez más es el retrato de la crisis humana del individualismo. Aislamiento autoimpuesto. Sumisión al consumismo. Validación gracias a ostentación. La anulación de las personas por la implementación de la tecnología. Desidia por la comodidad.
Así se gesta la ilustración de un mundo creado en base a la desconfianza en el otro, y sistemas de defensa psicológicos y personales que terminan por desmoralizar a los habitantes del planeta. ¿El antídoto? No estar solo.
Y por último, algo de pensamiento revolucionario se quiere introducir: O el magnate se sensibiliza y el trabajador se organiza, o el conflicto cíclico es inevitable. Lo único malo de esta película es que con el fortalecimiento del fascismo y las estelas ultra conservadoras en el último tiempo, esa idea que propone difícilmente se podría hacer realidad. O sea, estamos conscientes de cómo se podrían solucionar las cosas, tendiendo una mano al de al lado o al menos extendiéndole un pequeño gesto de bondad; es sólo que como individuos no queremos hacerlo.
Aunque por momentos parece la combinación de múltiples historias previas -sí, el fantasma de Scrooge pena por toda su extensión-, Anzari, Rogen y Reeves hacen que Cuando el Cielo se Equivoca sea una comedia cálida, con mucha alma y carácter, pero sobre todo con una tonelada de corazón. Te hace querer seguir viviendo. Eso es suficiente para que valga la pena verla.