GOOD BOY

Reseña de Good Boy: A merced de lo oscuro e indeseable ¡Fantástico terror canino!

Nos ha tocado ver cambios de perspectiva este año en el terror. Steven Soderbergh contando una historia de fantasmas desde la perspectiva de la manifestación paranormal en Presence fue un ejercicio interesante. Y ahora, en Good Boy, es el punto de vista de un perro enfrentado a monstruosidades acosadoras que se esconden en las sombras.

Es un ejercicio que indudablemente iba a captar las miradas por su propuesta narrativa. Y la película se confirma como un trabajo interesante de ver. Te atrapa desde el principio con un relato simple que luego se revela a sí mismo bien avanzado el reloj. Pero antes de mostrar su verdadera naturaleza, cultiva toda una atmósfera con el can identificando que algo no anda del todo bien. Su dueño alterando la rutina distorsiona sus sentidos. Aislándose en una casa de reputación dudosa se recarga todavía más la vibra perturbadora del relato.

Gran mérito es la actuación de Indy. El perro realmente transmite emociones. Duda, preocupación, miedo, desesperación, pena. Es realmente increíble lo que logra el director Ben Leonberg con su perro en los escasos 73 minutos que dura la película. 

Pero también hay un gran trabajo de cámaras. Casi siempre a nivel del suelo, imperfectas en sus movimientos y siguiendo al can por donde se mueva. A veces los espacios se sienten muy amplios que agobian, en otras todo es tan estrecho que es claustrofóbico. Y en la oscuridad algo mira al animal protagonista constantemente, sin revelarse, atrapándolo en su desolación. Mientras, su dueño parece incapaz de reaccionar y su actuar se vuelve cada vez más errático.

La estrategia de posicionamiento de las mismas cámaras también precipita las emociones. Te introduce donde habitan las mascotas. Espacios donde la mirada humana no acostumbra a estar. Sumiendo a la audiencia más cerca de esos lugares donde esas cosas oscuras e indeseables encuentras sus moradas. Y en eso se ejecutan un par de buenos jump-scares, que entregan una dosis apropiada de sobresalto a la ya inquietante atmósfera.

Así mismo el prolífico trabajo que se hace fuera de campo sugestiona al espectador. Por momentos tiende a perturbar incluso más que cuando las presencias fantasmagóricas se dejan ver. Si hay algo que esta película hace bien es aprovecharse del pánico que genera una mascota mirando al vacío, como si algo hubiese ahí. Tú no lo ves, pero ellos sí. Y eso te está acechando.

Good Boy es una película extremadamente atractiva de ver. Pero no sólo por que está protagonizada por un perro y que eso, de por sí, ya lo convierta en un material sensible. Hay algo más allá. Lo que en un principio puede parecer simpaticón y caricaturesco, luego consigue altos niveles de atracción al desvelar un par de dolorosas verdades.

Además, sin la empatía de las mascotas por sus dueños esta historia no se cuenta. Sí, los sentimiento de los canes hacia los humanos. Esa intención de protección que demuestran más de alguna vez en la vida. Ese es uno de los principales nutrientes de la trama. Es lo que cala más hondo. Los animales como seres sintientes, sensibles y compenetrados con su entorno, junto con el potente vínculo que pueden forjar con sus cuidadores. Si bien tiene altos momentos de tensión, es el dolor que esconde el relato lo que más te pega a fin de cuentas.

Good Boy es una película simple, correcta en su ejecución, creativa para eludir problemáticas relacionadas con un animal actor y convence con lo que quiere contar. No quiere volarte la cabeza de impresión. Sólo quiere provocarte sensaciones y reflexiones. Eso lo consigue. Con eso basta.

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