EL TELEFONO NEGRO 2 - THE BLACK PHONE 2

Reseña de El Teléfono Negro 2: Se defiende bien donde otras han fallado estrepitosamente

Considerando que la primera película cerraba apropiadamente sus arcos en todo aspecto, una secuela parecía absurda. Más si la productora detrás era Blumhouse. Pero curiosamente le acertaron al objetivo. Había sido su último gran acierto en mucho tiempo. Y, por lo mismo, no lo podían dejar en paz.

Acto seguido, volvió el director Scott Derrickson a tomar el control. Se reunió al elenco original ya crecido. Se inició la producción. Pero aún así la incertidumbre sobre la continuidad de la historia se seguía alimentando, incluso con el buque en marcha. Es que pocas veces las secuelas de terror son efectivamente atractivas y le dan nuevo sentido a lo ya contado.

El asesino muerto. Los chicos a salvo. Los fantasmas exorcizados para que descansaran definitivamente. El escenario era adverso, pero afortunadamente podemos decir que encontraron una forma para que esta Parte 2 realmente valiera la pena.

Se aprovecha de los tintes de poderes psíquicos exhibidos por Gwen (la siempre impecable Madeleine McGraw) para expandir su universo. Tras los sucesos de la entrega anterior, la joven vive aterrorizada por vívidos sueños que la ponen en contacto con los muertos. Así un trío de chicos se le aparecen en escenas realmente estremecedoras, tanto por su estética visual, por la forma en que son contadas, y como por lo brutal de su contenido. Las manifestaciones dan pie para el retorno definitivo de El Raptor (Ethan Hawke).

Gwen busca aferrarse a una fe que la mantenga alejada de los miedos y los peligros. Pero la película no opta por acercar su fe a una religión en particular. Le habla a Jesús, pero de manera personal y privada. Es una experiencia personal, y alejada de lo colectivo, lo que pavimenta el camino de su relato, uno que habla de abordar la fuerza descomunal que ha cobrado uno de sus mayores miedos. Aferrarse a esas plegarias íntimas la hace avanzar en el desafío.

Las posibilidades narrativas se amplían aún más cuando la película explora las consecuencias del trauma de ser secuestrado por El Raptor que está experimentando Finn (Mason Thames). Algo que lo ha conducido hacia el aislamiento social, la desconfianza con su entorno, el bloqueo de vínculos profundos e incluso hacia un creciente comportamiento violento. Es el miedo que lo mantiene como presa el que provoca todo eso. Su historia tiene que ver con la superación de esos temores, sobre todo cuando El Raptor vuelve en la forma de un espíritu malvado, o sea una amenaza intangible.

Es interesante que en la exploración de estas dos vetas que ofrecen los protagonistas, la película logra confeccionar una especie de homenaje a clásicos slashers como Nightmare on Elm Street o Friday The 13th. Pero sin ser obscena o burda. Plantea algo de frescura a los conceptos y hace crecer el mito del villano de turno, al presentar una conexión más profunda y directa con Gwen y Finn. Esto expande el universo de la saga. Le da más historia explorando un pasado que permanecía nebuloso para los protagonistas y para los espectadores. Cuando el rompecabezas se arma es algo que se siente muy satisfactorio.

Scott Derrickson logra concebir una secuela que si bien no es perfecta -quizás el minutaje es demasiado extenso y hay un par de secundarios demás-, sí justifica su existencia. Tiene escenas particularmente explícitas que horrorizan. Tiene un par de sustos muy bien ejecutados. Y las temáticas que nutren a los personajes se sienten sólidas y coherentes. El Teléfono Negro 2 se defiende bien donde otras han fallado estrepitosamente (¿Aló, Megan 2.0?). La película eleva la tensión, cumple con lo que promete y además tiene buena historia. Bien.

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