Es una biopic musical diferente. No es raro que no conquiste a todo el mundo. Esto no es sobre el estrellato. Esto no es sobre brillar. No es sobre el cuento de fantasía que tanto anhelan las masas.
Es una biopic musical diferente. No es raro que no conquiste a todo el mundo. Esto no es sobre el estrellato. Esto no es sobre brillar. No es sobre el cuento de fantasía que tanto anhelan las masas.
Aunque por momentos parece la combinación de múltiples historias previas, Aziz Anzari, Seth Rogen y Keanu Reeves hacen que la película sea una comedia cálida, con mucha alma y carácter, pero sobre todo con una tonelada de corazón.
Simple, correcta en su ejecución, creativa para eludir problemáticas relacionadas con un animal actor y convence con lo que quiere contar.
Entrega una experiencia realmente asombrosa y asienta pautas para lo que se puede hacer en materia de adaptaciones colaborativas entre cine y televisión.
Eleva la tensión, cumple con lo que promete y además tiene buena historia. Bien. Scott Derrickson logra concebir una secuela que si bien no es perfecta, sí justifica su existencia.
No es la locura que se proclamó al momento de su anuncio. Está bien en estética ciberpunk y la banda sonora es tremenda. Pero no es gran aporte a para la saga de ciencia ficción o para el género siquiera.
Cruel, oscuramente graciosa y perturbadoramente explícita. Hay sátira, hay body horror, hay obsesión putrefacta con la muerte y el envejecimiento.
Mientras el mundo va por K-Pop Demon Hunters a Mejor Película Animada 2025; el folklore, la fantasía, la emoción, el humor, las texturas y las batallas épicas de la producción china le presentan una buena competencia.
Lo que era una combinación de buenas ideas se ve pulverizada por la ambición de gestar una nueva seguidilla de producciones a las que sacarle mero provecho monetario. Es, una vez más, lo económico venciendo a lo artístico.