UNA BATALLA TRAS OTRA - ONE BATTLE AFTER ANOTHER

Reseña de Una Batalla tras Otra: ¡Un peliculón de Paul Thomas Anderson!

Paul Thomas Anderson acaba de concebir su película más accesible, coqueteando sin pudor con la entretención de Hollywood, pero sin perder la esencia de su filmografía. Un cuerpo de trabajo que se caracteriza por una incansable exploración de la naturaleza humana, desde sus comportamientos y discursos hasta sus creencias e ideologías. El cineasta está en su peak y por creaciones como ésta, amamos el cine.

Una Batalla tras Otra tiene consigo ese despliegue de talento único de Anderson para contar una historia que no se queda corta a la hora de perfilar fervientemente a sus personajes, sin olvidar que hay una aventura de imparable fuerza en constante movimiento. Esto con contundencia ilustrativa para esbozar un mensaje y planteando una realidad actual tan polarizada como un punto de inflexión político y social. Esto es lo que está pasando, lo que nos aqueja, y lo que podría pasar tras una seguidilla de decisiones; subraya el cineasta en 2 horas y 41 minutos que prácticamente no se sienten. Y así actualiza la novela Vineland, de Thomas Pynchon, cuando viene a hablar del idealismo, la rebelión y la comunidad de la contracultura vs. el conservadurismo, el consumismo y el control del sistema, una vez transcurrido el tiempo.

Todo parte con un grupo de revolucionarios que ataca los centros de reclusión del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE), para liberar a migrantes detenidos y hacer una demostración de fuerza como manifiesto contra las políticas represivas adoptadas por las autoridades conservadoras frente a los extranjeros. El contexto es cercano, está pasando hoy, es violencia presente y latente, pero también es reflejo homologable con conflictos de otros episodios históricos de alzamientos en tiempos de agitación. Situaciones desesperadas requieren medidas extremas, podría decirse.

Con secuencias energéticas, feroces y sin un ápice de vergüenza en el comienzo, el director y guionista establece de una sola vez a las figuras en pugna para su narrativa. Es la acción radical de un colectivo de choque contra el actuar de un gobierno que roza lo autoritario, bajo estandartes de supuesta libertad y orden en su territorio.

Un levantamiento en armas que quiere enfrentarse al racismo y la xenofobia, a la amenaza del totalitarismo, pero que en su camino también va dejando daños colaterales. Hay traiciones, el quiebre de familias, la frustración de anhelos personales y vivir una vida bajo un régimen de miedo, escondido, mirando sobre el hombro constantemente, inquietos. Teyana Taylor es voraz y sensual en su representación de la camarada más radicalizada con la causa. Mientras, Leonardo DiCaprio sigue ejecutando con maestría su arte, cuando la sensibilidad aleja a su personaje de su lucha y la paranoia toma las riendas de su vida.

En paralelo, y en la misma clandestinidad del revolucionario, una especie de club de Toby de millonarios alimenta su idealización de un mundo mejor bajo la bandera de una supremacía blanca que quiere purificar su patria. Cónclave que se mantiene reclutando ilusos desesperados por pertenecer a una ideología que sólo los quiere para ser sus perros falderos, porque jamás estarán a la altura de la alcurnia que ostentan los regentes del movimiento. La encarnación de esto último la logra de manera soberbia Sean Penn, con una actuación que estremece por lo repugnante de su personaje representante del Estado represor y comandante de una policía militarizada.

Paul Thomas Anderson no se casa con una u otra visión, sólo expone los contrastes, los pros y los contras, mientras mueve toda su maquinaria al servicio de una trama que tiene tanto de discurso político, como de sátira, acción, suspenso y a la vez comedia muy negra. Parece mucho, pero todo encaja a la perfección. Es una obra descomunal, con guión de diálogos e intercambios para aplaudir de pie. Hay interpretaciones que mantienen al espectador hipnotizado en la pantalla, incluso de grandes secundarios como Benicio del Toro, Regina Hall y la debutante Chase Infinity; y luego está el aporte de una banda sonora de Jonny Greenwood que remece los oídos para mantener la atención sobre lo que está pasando, sostiene el ritmo y completa el alma de esta película.

Una Batalla tras Otra es la ÚNICA competencia que tiene Sinners para Mejor Película este año. Qué peliculón se mandó Paul Thomas Anderson. Habla de actualidad, habla de futuro, de revolución y represión, de discursos radicales y otros aún más extremos; todo amarrado con actuaciones y soundtrack sobresalientes. La revolución no será televisada, ahora la podemos ver en el cine. ¡Viva la revolución!

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