ANIMALES PELIGROSOS - DANGEROUS ANIMALS

Reseña de Animales Peligrosos: Poco y nada

Aquí la premisa es simple, tanto que por momentos sorprende que no se hubiese ejecutado de mejor forma. Zephyr es una surfista inteligente y de espíritu libre, que termina secuestrada por un asesino en serie obsesionado con los tiburones. Cautiva en su barco, la deportista debe averiguar cómo escapar antes de que él lleve a cabo un ritual enfermizo y se las entregue en forma de alimento a los depredadores marinos.

Tenemos animales como mascotas, como una fuente de compañía. Pero aquí la idolatría a la fauna se vuelve enfermiza y le da un vuelco más siniestro al sentido de admiración por escualos. ¿Por qué no utilizarlos como armas? Y la idea parece atractiva, pero aquí le falta contundencia, le falta más profundidad, le falta más de algo interesante.

Es que nunca quedan bien claras las motivaciones del asesino. ¿Es sólo entretenimiento? ¿Es frustración misógina? ¿Es sólo el comportamiento de un trastorno por trauma de infancia? Esto último parece ser la respuesta, ya que apenas se esboza en un momento el background del villano de turno y no se cultiva mucho más durante el correr de lo minutos.

Y si bien la interpretación de Jai Courtney está muy bien, es carismática y colmada de frases para el bronce que hasta te sacarán una sonrisa; el villano que perfila es descuidado, se ve superado por sus pasiones, pierde el control y, en consecuencia, el encanto que puede generar en el espectador.

En tanto, su contraparte femenina también se vuelve feroz y resiliente. Hassie Harrison escapa de los papeles secundarios y se pone al frente de una producción de sobrevivencia que la puede impulsar. Como protagonista es incansable en su lucha, pero pocas veces piensa antes de hacer las cosas. Sus actos son más instintivos que calculados, por lo que siempre cae presa de la desesperación. 

A esto se suma que dado un momento, el personaje de Harrison cae en absurdos e incoherencias que le restan credibilidad. Partiendo por el hecho de aguantar por tanto rato al insufriblemente cursi secundario que le ponen como pretendiente. No es de extrañar que el espectador comience a desear que los tiburones acaben rápido con él.

Luego, la película se vuelve obvia en sus decisiones, poco creativa en sus ejecuciones y, prácticamente, la gran idea del principio se diluye en el agua salada que rodea su conflicto.

Este año se conmemoraron los 50 años desde el estreno de Jaws, una película que hizo que le público incluso temiera ir a la playa y encumbrara por años al tiburón como el villano definitivo de la naturaleza. Lo que hace Animales Peligrosos por el mito escualo maligno es poco y nada; algo que es tristemente muy parecido a los niveles de entretención que la película es capaz de entregar.

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