La regla está establecida por años, pero pocos le hacen caso: No conozcas a tu ídolo, reza el postulado. Un principio que habla del shock que puedes recibir al descubrir los verdaderos aspectos que forjan la personalidad de quien idealizaste, de esa estrella a la que admiraste. Es el horror de espantarte por sus creencias y acciones, algo quizás contradictorio con el personaje que te habían vendido públicamente.
Eso es precisamente lo que alimenta HIM, una entrega a la que pocos han hecho caso, porque juega más a lo críptico e implícito, antes que por lo explícito y sobre explicativo que caracteriza al Hollywood actual. Hay que darle más de una vuelta -algo que no le gusta a la desidia del espectador casual-, y por lo mismo vale la pena verla, sobre todo por postular un par de ideas interesantes en torno al funcionamiento de la industria deportiva.
En su ejecución, desacraliza la figura del deportista de élite como entidad intocable e impoluta. Lo propone como un ser que no sólo ha entregado un gran desempeño, sino que también ha sido absorbido por su ego, su adicción a la fama y ha caído víctima de la insensibilidad con el resto, después de que se le ha ungido con su estatus de mega estrella.
El novato, prácticamente angelical e inocente, queda aquí a merced de un demonio que comienza a desdibujar la línea entre la pasión y la obsesión tóxica. Entre dedicación y sacrificio -literal-. Así se conduce lo que en un principio es un íntegro entrenamiento, hacia a un plano patológico, donde los excesos son la regla y la racionalidad queda apartada del camino. Ritual macabro que incluye tortura, drogas, tentaciones y violencias varias.
Se crea entonces un culto al blindaje emocional, a la anulación de la moralidad y, de paso, a romper los límites, pero a costa de estropear el mismísimo cuerpo de interés. Está bien exigirse y comprometerse, pero esto no puede ser a costa de dañar la salud física y mental, y en consecuencia a los cercanos.
Es el capitalismo aplastando la humanidad, cuando el bienestar del protagonista, el deportista con potencial, queda subyugado a los beneficios que puede representar su exhaustivo desgaste. Al equipo no le importa el bienestar de la persona, mientras pueda sacarle provecho durante un par de temporadas; porque, más allá de eso, en un futuro se encontrará a otro postulante que venda su alma para el sacrificio de sangre que se necesita en este juego económico. ¡Es que no se llenan nunca!
Esta lúgubre historia curiosamente se cuenta con una fotografía increíble, de encuadres hermosos y colores saturados, que se pliega con evidenciar lo ostentoso, lo tentador y lo pecaminoso de “experimentar” la fama y lo que ésta acarrea consigo.
Quizás esté sólo en esta vereda, pero me gustó HIM. Esa desacralización del ídolo deportivo, el quiebre entre razón y patología, el cuestionamiento al sano juicio del famoso y las manos negras de un capitalismo salvaje que opera tras la industria, junto a visuales que hacen pecar de envidioso al ojo del espectador; crean una gran experiencia de terror psicológico.