El género del terror es más efectivo cuando es capaz de canalizar a través de aberraciones físicas los temores intrínsecos enquistados en la salud mental. Gracias a eso, Together se sostiene sobre las bases sólidas que le entrega el body horror para hablar de la codependencia emocional extrema.
Externalizar lo interior de manera gráfica es tremendamente auténtico para una trama que incomoda porque habita en lo privado. Eso que se guarda con vergüenza y se esconde a ojos de lo público. Ahí es donde la película es más efectiva: quiere visibilizar cuestiones muy reales con las atrocidades, deformidades y pestilencias de los trastornos no tratados de una pareja.
La anulación de la comunicación, el punto en que se desdibujan los límites de lo individual y la transgresión de lo colectivo que significa comprometerse una relación para la vida de uno u otro integrante, son puntos de alta presión en este examen de la psiquis humana a cargo de Michael Shanks. El director y el guión no temen a mostrar heridas explícitas, pero en su propuesta lo primordial es lo que no se quiere reconocer. Las disconformidades, los desacuerdos, los entuertos.
Y para eso, al espectador se le inyecta una saludable dosis de gore retuerce tripas, que se entrelaza con situaciones tremendamente incómodas. Interacciones que parecen mundanas como una fiesta, los intercambios en un nuevo ambiente laboral o una mudanza, son alterados por el estrés de una convivencia amorosa puesta a prueba hasta el borde de la cornisa, a punto de caer al vacío.
Allison Brie y Dave Franco son capaces de transmitir la desesperación, la impotencia y la falta de comprensión abismante entre sus encarnaciones; esto mientras los cuerpos son sometidos a posiciones imposibles, fracturas horripilantes, situaciones untuosas y posiciones imposibles. La forma en que el body horror está trabajado aquí es fascinante sobre todo en sus simbolismos.
Por más que tenga válvulas de escape como justificaciones filosóficas o tintes de fanatismo religioso, la maldición que acosa a los protagonistas no necesita mayores explicaciones. Lo fundamental son las consecuencias prácticas de la tortura psicológica auto impuesta entre dos personas que conviven. ¿Es esto amor? ¿Es cotidianidad? Las respuestas quedan al pendiente para que cada observador saque sus propias conclusiones y hasta para que se zambulla en sus propias indagatorias personales.
Ese panorama desolador es el mayor triunfo de Together. Un escenario que ya no tiene que ver con transfusiones grotescas o amalgamas inverosímiles, sino que con algo mucho más real: el cómo entablamos relaciones cuyo estandarte principal, supuestamente, es el amor.