Dirán que su espíritu está pasado de moda, que su propuesta se extinguió con Leslie Nielsen, que ya no estamos para estas cosas. Pero ¿Y Dónde está el Policía? es capaz de hacerte comer tus palabras y luego expulsarlas en una risotada, tras soltar dos de sus chistes más ridículos.
No te das ni cuenta y Liam Neeson ya te sumerge en el humor más absolutamente disparatado para lanzarte a la cara un remate tras otro. La ametralladora de bromas no para, incluso mientras te suelta una en los diálogos, de fondo te deja otro easter-egg de esos que “pestañeas y te lo pierdes”.
Así como antes se convirtió en un héroe de acción, Neeson ahora es un estrafalario detective cómico que quizás no tiene esa gracia innata de Nielsen con la comedia, pero bien se defiende en este territorio. Esto junto a una Pamela Anderson que se acopla satisfactoriamente a la tarea comandada por el director Akiva Schaffer, quien tras darle mucha gracia a Chip ‘n Dale: Rescue Rangers, entiende muy bien a lo que está jugando, rescatando la esencia de lo que hizo David Zucker a fines de los 80’s y en los 90’s.
Y la verdad es que no se le puede pedir más a una película que no tiene mayores ambiciones más que entregarle un buen rato al espectador. Son 85 minutos de gags concatenados, que si no te conquistan a la primera, esto no es lo tuyo. Aquí vienes a reírte de lo lindo, lo feo y lo tonto; de lo contrario, busca otra cosa.
Este es el caldo perfecto para echar a remojar el cerebro en una mescolanza de juegos de palabras, intercambios de sinceridad extravagante, cameos sorpresivos, inevitable tono de parodia y, a pesar de que descubras rápidamente lo que vendrá, los cafés infinitos estarán ahí para salvar el día -al verla, entenderás-.
¿Y Dónde está el Policía? es lo que promete: risa fácil, con lo cotidiano, lo extraño, lo incómodo y lo excesivo. Entrega exactamente lo que esta saga se ha propuesto desde el principio: un antihéroe que se revuelca en un humor absurdo con el pie en el acelerador hasta el final. De ahí, después de ese agradable momento, ya puedes olvidarla sin culpa, porque harto nos hace falta explotar más de la risa sin vergüenza.