LA HORA DE LA DESAPARICION - WEAPONS

Reseña de La Hora de la Desaparición: Cultiva tensión. Viene el despilfarro que le pesa. Y pone un buen remate.

La Hora de la Desaparición es uno de esos casos que vienen antecedidos por grandes expectativas, luego de que la entrega anterior del director sorprendiera a medio mundo. Y sí, puede que Barbarian tuviese sus encantos, pero distaba de ser la gran película de terror que se proclamó en 2022, sobre todo si se le pone a la par con otros estrenos de ese año como la sorpresiva Smile, la tenebrosa Skinamarik, la incómoda entrega danesa Speak No Evil o la grandiosa Talk to Me.

Lo nuevo del director Zach Cregger parte de una gran idea: la sospechosa desaparición de todo un curso de niños, quienes en la mitad de la noche salieron de sus casas para perderse en la oscuridad sin razón alguna.

El foco sospechoso se pone sobre la profesora a cargo del grupo de estudiantes. ¿Por qué solo los estudiantes que estaban a su cargo se ven afectados? ¿Qué tiene que ver ella con la ausencia de los pequeños? ¿Por qué no están? La película erige su premisa en torno a cuestionamientos que se van acumulando sobre los pocos personajes que se van incorporando con el correr de los minutos.

Y eso es atractivo al punto de que toda una colección de rarezas se vuelven hipnotizantes. Cada vez ocurren cosas más extrañas y, sin duda, como observador pasivo del caos, se requieren respuestas. Personajes que tienen reacciones incómodas, otros que aparecen donde no deberían estar, o comportamientos que rompen con la lógica de la rutina de un suburbio estadounidense más bien apacible y que no tiene más conmoción en su vida que esta tragedia; son pasto para alimentar el morbo.

Abruptamente todo se interrumpe cuando dado un suceso inesperado, la narración retrocede para dar cuenta de que estamos ante una historia coral: nos van a presentar los mismos eventos desde la perspectiva de múltiples personajes cuyas historias paralelas confluirán en un remate definitivo.

Así, este buque de horror zarpa de buena manera, pero en el camino se encuentra con sendos icebergs que hacen trastabillar su ritmo. La curiosidad generada en el espectador no es suficiente, cuando ciertas historias que te alejan de los protagonistas no son interesantes; esto le pesa a lo que se expone. En un momento la película no avanza, en otro te deja esa sensación de que no termina nunca.

Así, este buque de horror zarpa de buena manera, pero en el camino se encuentra con sendos icebergs que hacen trastabillar su ritmo. La curiosidad generada en el espectador no es suficiente, cuando ciertas historias que te alejan de los protagonistas no son interesantes; esto le pesa a lo que se expone. En un momento la película no avanza, en otro te deja esa sensación de que no termina nunca. 2 horas y 8 minutos parecen un exceso para este cuento.

Cuando era mejor meterse en la desesperación de los padres de los desaparecidos, desaprovecha la oportunidad. Eso solo está en el personaje de Josh Brolin, pero no hay mucho más. La aparición de Justin Long -quien ya se puede considerar actor fetiche del director- no aporta nada para potenciar el pesar por la ausencia. De hecho, poco parece que le preocupa su hijo perdido. ¿Acaso un padre que pierde a su hijo no estaría desesperado buscando respuestas? ¿Alguien de verdad piensa en los niños en este pueblo? ¿O sólo se preocupan para las reuniones donde se gritan los unos a otros? Cada uno anda por las suyas.

Entonces, llega el giro y se revela lo que realmente está ocurriendo. Sin entrar mucho en detalles, el camino que toma es atrapante, aún a pesar de su decisión de dejar fuera muchas explicaciones y ni siquiera dar pistas sobre motivaciones u objetivos últimos. Eso sí, más allá de lo fresco de su trama coral en el género del terror, al momento de la resolución, este artilugio narrativo puede llegar a ser engañoso cuando la satisfacción que provocan las conexiones y coincidencias se confunden con la valoración de que te están contando una buena historia. Son cosas distintas y no necesariamente proporcionales… No porque algo coincide y se entrelaza con otra, provocando un micro grado de satisfacción al TOC en el espectador, hace que la película sea genial. No hay que engañarse.

Por último, la película propone un conceptos interesantes sobre la manipulación de personas para servir a intereses personales. Forma de control al que algunos se ven subyugados por inocencia o ignorancia y terminan siendo utilizados como armas al servicio de anhelos antojadizos. Y, claro, de ahí el título original en inglés «Weapons». Pero son sólo pinceladas.

Es cierto, La Hora de la Desaparición confirma que Zach Cregger tiene una capacidad impresionante para apilar situaciones y sucesos que descolocan para alimentar la tensión y la curiosidad; para luego terminar entregando un final que se asemeja a algo satisfactorio, al menos en la criatura que elige utilizar. Sin embargo, en el proceso deja desperdigadas un montón de ideas e incorpora aspectos innecesarios que terminan por agobiar. Es lo mismo que en Barbarian: deja la impresión de que quiere filmar más de una película y su ambición lo traiciona, porque la falta de concisión, precisión y condensación se le nota en las costuras.

Deja un comentario