Va a parecer repetitivo y no queremos que así sea, pero a esto nos acostumbró Marvel con sus últimas películas. ¿Se le agotaron las buenas historias? Imposible, el material fuente está ahí, a disposición, con cosas increíbles. ¿Se cansaron ellos mismos de sus películas? Entonces, deberían cambiar el equipo. La vara está tan baja para evaluar su nuevos estrenos que una pequeña cosa que hagan bien parece un triunfo gigantesco.
Así se siente Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos, agridulce. Aunque afortunadamente es más dulce que agria, porque a diferencia de todo lo que vino después de Endgame que tenía un espíritu más bien desalentador -excepto Guardianes de la Galaxia Vol. 3-, aquí gracias a la familia Richards sí se puede salir feliz del cine.
Es que está lo crucial de Los 4 Fantásticos: el tema de la familia como columna vertebral de la narración. Son ellos luchando en equipo, resolviendo problemas, salvando el día. Con una presentación ultra rápida de lo que han sido sus hazañas, la historia posiciona al espectador ante unos héroes completamente formados, con identidades reveladas al mundo y hasta una completa campaña de marketing con merchandising y adaptaciones televisivas de sus luchas. Esto no es una apuesta de orígenes, nos vamos directo a la aventura. Un desafío que se propone precisamente desde el núcleo familiar: la llegada de un hijo.
Para nadie es un secreto que Sue Storm está embarazada en la película, a la espera de Franklin. Algo que pondrá en aprietos a Los 4 Fantásticos, tanto desde la perspectiva de la crianza como en relación a la amenaza cósmica que acechará al planeta Tierra, que por cierto es la Tierra-828 y no la de la línea argumental principal del MCU.
Precisamente, el hecho de que esta película no esté ambientada en la Tierra-616, le da una libertad creativa muy amplia a su director Matt Shakman (WandaVision) para jugar a su antojo con los personajes, emancipándose de las ataduras de la continuidad en el universo o la obligación de guiños y referencias a otras películas.
Con ello pueden abalanzarse sobre diversas ideas que forjan la historia de los héroes de turno: apela a la ciencia, a la aventura, a la exploración de lo desconocido y, claro, las consecuencias que ello conlleva. Tales conceptos están en la película, sobre todo cuando salen al espacio, presentan al villano y, de la mano de la Silver Surfer de Julia Garner, se anotan una de las secuencias de acción más impresionantes en Marvel desde GotG 3.
Así también exploran sin cortapisas a sus personajes. Pedro Pascal interpreta a un Reed Richards tan científico como perturbado en su psicología. No se ofusca con el bebé porque no lo quiere, se incomoda porque es una situación que está fuera de su control, sobre todo si lo piensa desde la perspectiva de ser un retoño de padres con poderes. Lo mismo le pasa con Galactus, el villano de turno, e incluso con su evidente frustración y culpa por el accidente que indujo a su familia a cambiar para siempre.
Sue Storm actúa como el principal bastión de la familia. Cariñosa y diplomática, mantiene los cimientos para que todos se mantengan unidos, entre la acción y la convivencia tradicional. Su figura se potencia aún más con la llegada de Franklin, cuya presencia detona no sólo conflictos cotidianos, sino que también morales en torno a los sacrificios de los héroes para salvar al pueblo.
Las personalidades que los personajes originales tienen en los cómics dicen presente, lo que habla del cariño que hay por la obra de Stan Lee y Jack Kirby. Reed Richards intentado explicar todo racionalmente y en extenso, Sue como figura conciliadora que une todas las personalidades, mientras Ben y Johnny mantienen fresco las dinámicas de humor y cierran el círculo con sus intercambios. Sin embargo, aquí comienza el desequilibrio de la entrega. Estos dos últimos se quedan cortos en sus descripciones, no están bien delineados, y quedan subyugados a la pareja principal.
Entonces, empezamos a trastabillar. La escena espacial es capaz de reunir todos los aspectos que hacen a Los 4 Fantásticos, pero cuando estos están en la Tierra, el asunto cuesta mucho más. Ben, por ejemplo, nunca entra de lleno en su predicamento de ser eternamente una mole de piedra, inseguro a la hora de crear nuevas relaciones.
La película consigue una pulida estética retrofuturista, aplicada tanto a llamativas visuales de colores saturados y formas nostálgicas, como además en la aplicación de formatos narrativos de antaño en su manera de contar la historia. Los efectos especiales evidencian una considerable mejoría en las escenas de acción para los estándares del MCU; pero hay tomas que incluyen a un Franklin evidentemente hecho con CGI que son del terror. El bebé se ve horripilante. Inspira más temor que ternura.
Y, claro, uno de los grandes problemas que siempre le va a pesar a las películas de Marvel es que, con un mapa de producciones trazado, todo lo que se encamina a ese gran evento crossover ya anunciado parece una historia de transición hacia ese punto. Sí, esa sensación también queda aquí.
En contraste, la película nos entrega a un Michael Giacchino más inspirado que nunca. El compositor le da identidad sonora a Los 4 Fantásticos, se pliega melódicamente con los momentos más efusivos y aplica emoción a esas instancias con las que buscan pegarte directo en el corazón. Es sin duda el Giacchino que capta perfectamente a esencia de lo que se quiere contar. Ese Giacchino inspirado de Los Increíbles, de War for the Planet of the Apes o de The Batman. Un Giacchino de luces, sombras y detallados matices. De transmisión de sensaciones. La banda sonora es por lejos lo mejor de esta película Marvel.
Los 4 Fantásticos implica un avance en la monotonía formulaica en la que había caído el MCU. Y aún con sus falencias hay esperanza para la saga. Esperamos ese futuro en que renazca su encanto. Esté bien puede ser su punto de partida.