SUPERMAN

Reseña de Superman: La única manera en que volvamos a creer en los superhéroes

Las dudas se despejan enseguida: James Gunn lo logró. No es una película de amor u odio, es una gran película inspirada por los cómics. Tiene humor, corazón, mucha acción, pero sobre todo tiene algo que decir sobre la condición humana, por medio de uno de los grandes superhéroes de la historia: Superman.

Gunn toma Superman y lo hace suyo al punto de que cuenta una trama que no flaquea y se mantiene entregando grandes momentos. Hace que el personaje se mantenga cuestionando su existencia y convivencia en la Tierra, pero jamás pone en duda su propia integridad, en cuanto a que quiere hacer el bien, evitar los enfrentamientos y proteger al planeta de la mismísima maldad humana o más.

Eso, mientras presenta a un Hombre de Acero que no es infalible, comete errores, se ve afectado por sus decisiones y hasta puede ser vulnerable. Es una forma de abordar al personaje que hace al espectador empatizar con él, ponerse desde su perspectiva y luego comprender sus acciones.

Así mismo la película toma un personaje creado el siglo pasado y lo actualiza para abordar conflictos actuales, manteniendo un espíritu clave que lo caracteriza: la inagotable esperanza. Esa es la clave que James Gunn entendió y lo plasmó en su narrativa, algo que se refleja sobre todo en cómo la humanidad lo ve en distintas situaciones. 

Con ello pone a naciones en conflicto, en una evidente analogía de la confrontación palestino-israelita; condena la intervenciones políticas por razones económicas y ambiciones personales; se burla de las granjas de bots de extrema derecha y su repulsiva tarea de repartir desinformación; tiene a un extranjero combatiendo a un multimillonario magnate tecnológico megalomaniaco; y en general cuestiona los anticuerpos que se han generado contra los inmigrantes, cuando estos apenas siguen buscando una forma de encajar en un lugar diferente a su origen.

Pero no se trata de una entrega discursiva o doctrinaria, como quieren dar a entender algunos sectores extremistas; sino que más bien asume que para entender a sus protagonistas, debe acercarse a la realidad, tanto en las temáticas que aborda como en los sentimientos que busca provocar. De hecho, tiene hasta ese tono juguetón y divertido de otras adaptaciones de cómics como las primeras dos Spider-Man de Raimi.

Para que todo esto se vea representado en pantalla, no sólo la dirección es clave, sino que las actuaciones también. Y afortunadamente, David Corenswet llena todos los zapatos de Superman, así como también los de Clark Kent. La química que tiene con la Lois Lane de Rachel Brosnahan funciona cuando ocultan su relación, cuando la consolidan y cuando cada uno figura en sus aventuras independientes. Mientras, actúan como grandes fuerzas opositoras para toda la malicia que tiene urdida el Lex Luthor de Nicholas Hoult, quien defiende ferozmente su terreno como némesis de este Superman.

Se trata de una película que no teme a ser tremendamente política, jamás aburrida y se siente realmente como si un cómic saltara directamente a la pantalla. Tiene unas secuencias realmente alucinantes y de envergadura. Sólo queda abrazar la maravillosa locura de ver cómo Superman logra esta tremenda hazaña, y no tiene nada que envidiarle a las iteraciones previas del personaje. La producción consigue fusionar apropiadamente fantasía, ciencia ficción, comedia y drama como no se ha visto recientemente en el género de los superhéroes. DC Studios está demostrando que busca entregar propuestas con alma, historias poderosas y creadas desde el amor y el reconocimiento a lo que se forjó previamente en las viñetas. Ojalá todo se mantenga en esa línea, porque es la única manera en que volvamos a creer en los superhéroes.

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