Cuando no están llenando estadios, las superestrellas del k‑pop Rumi, Mira y Zoey asumen sus identidades secretas como intrépidas cazadoras de demonios para proteger a sus fans de las amenazas sobrenaturales. Ahora deberán enfrentar al adversario más formidable que han encontrado jamás: una irresistible banda musical de chicos que son demonios encubiertos.
Sí, ya lo sabemos: Netflix produce muchas cosas, demasiadas, pero pocas veces consigue dar en el clavo. Aquí da un golpe tajante con una animación que está muy inspirada, visualmente alucinante y culturalmente enriquecida, que es extraño que no se esté hablando más sobre esta joya musical de acción y fantasía.
Considerando el éxito masivo del K-Pop en el mundo, la película no está para cuestiones superficiales. Habla más bien del impacto positivo que puede tener la música, cuando es experimentada de forma colectiva y termina uniendo a la gente de manera transversal.
Con una banda sonora que es tremendamente poderosa y pegajosa, estas guerreras cantantes y cazadoras de demonios ven su historia potenciada por ser el retrato de un legado cultural y un sistema de creencias, al mismo tiempo que busca romper tradiciones. Aunque es originaria de Estados Unidos, la entrega se nutre de mitología coreana tanto para los diseños de producción, los aspectos de la trama que te llevan al pasado y hasta contando con un elenco de voces proveniente de la península. Sin entrar en mucho detalle: las cuerdas vocales del villano están a cargo de Lee Byung-hun, quien interpreta a In-ho Hwang, el Líder con la máscara negra de El Juego del Calamar.
Las Guerreras K-Pop explora la mitología en torno a demonios que se alimentan de almas humanas diezmadas por sus defectos, algo que siempre está tan patente en la historia y cinematografía coreana. Como ya lo han retratado otras películas recientemente, como Exhuma o The Wailing. Mientras más dañada la persona -y en consecuencia la sociedad-, más se acerca la dimensión demoniaca al plano terrenal, con el fin de devastar completamente la moral de sus habitantes. Así, la historia gira en torno a las experiencias positivas y negativas que los individuos tienen, pero ante todo: que el sentido de comunidad siempre será el mecanismo de defensa definitivo.
En tanto, la protagonista y su contraparte reflejan cómo las creencias conservadoras con las que fueron criados los llevan a ocultar sus defectos y sentir vergüenza de ellos, en vez de reconocerlos y hacerse cargo de sus problemáticas. Algo que encontraría mayores probabilidades de trabajarse o solucionarse si no sólo fuesen sinceros consigo mismos sino que también con quienes los rodean. Porque hasta la salud mental tiene cabida en esta opera prima de Maggie Kang, quien dirige en colaboración con Chris Appelhans (El dragón de los Deseos, Coraline).
Se habla de amistad, de familia, de fortalecer las relaciones con otros que también han cometido errores, reconociéndose como diferentes; pero al mismo tiempo como parte de una colectividad mayor.
Los potentes mensajes de esta película producida por Sony llegan inspirados no sólo por los K-drama, sino que también por melodías magnéticas, una animación de fluidez alucinante, una paleta extremadamente viva de colores y hasta con una saludable cuota de romance.
Todos los ingredientes conspiran para alzar a esta entrega como una de las mejores animaciones del año. Lo único lamentable de la película es que no se haya podido ver en el cine, porque el conjunto narrativo, estético y sonoro, luciría aún más increíble en pantalla grande. No hay nada animado como esto que se haya estrenado últimamente en el cine. Netflix tiene una joya oculta en Las Guerreras K-Pop y es momento de que muchas más personas la vean en el mundo, no sólo por el nivel de su producción sino que también por sus contundentes mensajes.