WARFARE

Reseña de Warfare, Tiempos de Guerra: Realismo devastador

Tiempos de Guerra es la historia real de una misión de vigilancia de un pelotón de los Navy Seals de EE. UU. que salió peligrosamente mal. Warfare captura la intensidad del combate y ofrece un retrato inquebrantable de sacrificio y la supervivencia.

Alex Garland no se cansa de tenernos al borde del asiento, con el corazón en la garganta, la presión sanguínea alta y los nervios cercanos al colapso. Lo hizo con Guerra Civil en 2024 y, recientemente, con Exterminio: La Evolución. Pero con Tiempos de Guerra pega aún más duro y en los aspectos precisos, aprovechándose de la crudeza del retrato de una lucha reciente, donde no hay héroes o villanos, más bien todos son víctimas de un contexto fusionado con la política internacional, y son reactivos a ese escenario.

Los líderes que comandan todo a la distancia envían a la carne de cañón para que se coman la tierra y derramen la sangre en nombre de un conflicto bélico que nunca queda aparentemente claro, bajo supuestas premisas de contener el desarrollo de armas de destrucción masiva o la necesidad de una intervención administrativa. Soldados siguen órdenes, vigilan a quienes les apuntaron como enemigos. Se toman las casas de familias locales en territorios ajenos “por gusto” o por ser un tentativo gran punto estratégico, y así los someten a su guerra.

Un par de “cagadas” después, los mismos soldados se encuentran atrapados como ratas ante ataques incesantes de sus contrincantes improvisados. Comienza el sufrimiento, el caos, la desesperación, el acecho de la muerte, los gritos y un coqueteo con la desesperanza absoluta.

El retrato de lo bélico aquí no hace concesiones. Demuestra una adicción a los enfrentamientos, así como una crítica sin cuartel a lo que implican tales sucesos. Por eso la película consigue hitos tan significativos como abrir con una escena en la que se hace un llamado colectivo de los soldados a recordar «por lo que peleamos”, mientras observan atractivas mujeres contorneándose en el videoclip de Call on Me, de Eric Prydz, para darse motivación en una especie de ritual de goce antes de la tormenta; hasta llegar al aturdimiento en medio de la exhibición de mutilaciones luego de que sus compañeros han recibido el impacto de un artefacto explosivo improvisado. ¡Hablemos de contrastes!

Filmada como si de un documental se tratase, el co director de esta hazaña es Ray Mendoza, el mismísimo ex Navy Seal que tuvo estas experiencias durante la guerra de Irak. O sea, echa mano a sus recuerdos y los plasma junto a Garland con un realismo devastador.

En esa tarea, aprovecha la combinación de lo visual con lo sonoro, en distintas capas, para crear una narrativa que se siente como en tiempo real, nunca decae y te hereda trauma tras trauma. Sobre todo en términos de sonido, la película juega con altas explosiones, balas detonándose y silbando por todos lados, mientras los gritos de los heridos alimentan la ansiedad y el estrés de manera desgarradora. Y repentinamente: silencios. Y entra el sonido de las comunicaciones internas, ilustrando un panorama aún más complejo para los protagonistas. Todo conspira para aumentar de manera perfecta la escandalosa tensión.

Tiempos de Guerra es una tremenda demostración de fuerza para las películas bélicas que se vuelcan a darle una mirada a los horrores a los que son sometidos los humanos, por figuras que no ponen un solo pie en terreno. Habla de hermandad y resistencia en medio de una situación considerablemente desfavorable. Es Black Hawk Down, otra gran película sobre otro gran desastre militar, pero bajándole el tono de espectáculo y aumentando el contacto con lo real. Por eso es tan sólida e indiscutiblemente está entre lo mejor que nos ha dado el 2025.

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