En Misión Imposible: La Sentencia Final, el agente Ethan Hunt continúa su misión de impedir que Gabriel controle el tecnológicamente omnipotente programa de IA conocido como «la Entidad».
Cuando una franquicia que se ha forjado a través de tres décadas llega a su final, lo que sea que se haga probablemente no deje a todos contentos. El esfuerzo de superarse en su propio espectáculo siempre representará un desafío y por lo mismo establecerá una nueva marca a superar.
Por otro lado, una última entrega debe juguetear entre las novedades, la nostalgia y la resolución definitiva. Decir que esto se acaba es un arma de doble filo. Puede ser un alivio como un bochorno. Pero ¿acaso no nos ha dejado grandes entregas cinematográficas de acción, con momentos simplemente memorables e irrepetibles por lo descabelladas de sus hazañas?
La Sentencia Final viene a hacerse cargo de prácticamente todo, incluso de incógnitas no resueltas previamente. Quiere abarcar mucho y aprieta, da sentido y eleva lo que está en juego, pero al mismo tiempo reduce el ritmo y las múltiples secuencias de acción.
Es que debe explicar mucho. Y para eso se toma tiempo. Para el espectador casual, estas jugarretas de espías entre diálogos que explotan lo nerd, lo político y el thriller tecnológico, puede que parezcan un poco extensas. Para los fans de la saga impulsada por Tom Cruise, las conexiones sólo enriquecerán la experiencia en base a dinámicas distintivas que hemos conocido a través de 30 años.
Eso sumado a dos hazañas de largo aliento, una bajo el agua y otra en el aire, que simplemente hacen que estas tres horas en el cine se coronen de una manera realmente impresionante.
Sí, en la primera hora abusa del recurso de mostrar una y otra vez imágenes de las películas anteriores, como si los que llegamos aquí no hubiésemos visto las 7 películas anteriores. Sí, por momentos se le pasa la mano con el humor. Sí, algunos cabos parecen forzados, uno en particular que dice relación con un villano anterior a estas dos últimas entregas. Pero se lo perdonamos todo, porque es difícil encontrar una serie de películas de acción tan contundentes y sólidas en sus intrigas y acrobacias como ésta. Rápidos y Furiosos quiso copiarle y arruinaron, porque lo que creó Tom Cruise, incluso con altos y bajos, es de mayor envergadura, sorpresa y ejecución.
Por eso, después de todo lo alucinante que nos ha entregado Misión Imposible, probablemente no nos conformemos con el final que sea que tengan en mente: Nunca será suficiente. Su recorrido ha sido tan glorioso que nunca nos aburriremos de él. Si alucinaste, sufriste, reíste y lloraste con las películas anteriores, La Sentencia Final no defrauda y entrega el mismo tipo de emociones. Y quien sabe, quizás hasta resucitan la franquicia en unos años más, cuando el mundo desquiciado en el que vivimos necesite una vez más a Ethan Hunt.