Tras una tragedia, Li Fong debe mudarse de Pekín a Nueva York. Allí, descubrirá que no puede huir de los problemas… ni de su destino. Con la ayuda de dos leyendas, aprenderá a unir el kung fu y el karate en una épica batalla final.
Los que creían que la saga Karate Kid se acababa definitivamente con la conclusión de la serie Cobra Kai, tendrán que replantearse su fanatismo. Ésta película renueva las energías de un cuerpo que parecía inerte, combinando múltiples factores que hicieron conocida a la franquicia de artes marciales.
Karate Kid Leyendas logra darle sentido a una premisa inspirada por el lema “dos ramas de un mismo árbol”, utilizando convenientemente la mística histórica, el alcohol y los sucesos fortuitos, para unir la ascendencia Miyagi con los antepasados Han. Entiéndase también: el Kárate con el Kung Fu. Así, logran fusionar el espíritu principal de las películas originales con ese paupérrimo esfuerzo por insuflarle vida a la saga que se hizo con Jackie Chan en 2010.
Afortunadamente, la entrega se sacude el desdén que irradiaba en pantalla Jaden Smith e incorpora a Ben Wang como protagonista, quien si bien no luce por carismático, sí logra generar una mayor empatía que su antecesor además de llevarse gran parte del peso acrobático del proyecto.
Así se cuenta una historia que se nutre muy bien del perfil que estableció la película original de 1984. Aborda las problemáticas de la reubicación familiar hacia un nuevo entorno desconocido, las experiencias del desadaptado en el nuevo contexto, el flirteo inocente juvenil y el temor maternal al desapego. Y suma en la tarea la superación de un brutal trauma reciente, que conlleva un proceso del duelo junto con la superación personal, además de incluir la ayuda a un tercero como motivación para que todo fluya. Siempre con una cuota de humor familiar que inevitablemente consigue las risas que se propone provocar.
La narrativa se mueve energéticamente. Plantea los conflictos y no da respiro a su desarrollo. Tiene un montaje ágil y una edición de cortes abruptos que no se detiene en contemplaciones pausadas más de lo necesario. Nutrida con una banda sonora cargada de pop, melodías urbanas y hasta algunos clásicos que inevitablemente enganchan al espectador masivo, la película asegura un panorama entretenido para los que no vienen a cobrarle más de la cuenta.
Y sí, hay situaciones que parecen absurdas en ciertos momentos, provocando incomodidad. Y sí, otro de sus defectos están en la vaga exploración que se hace del villano, más allá de dibujar a un muchacho bully sólo por el placer de serlo, además de antagonista amoroso e invencible campeón hasta cierto punto. Todo va a gran velocidad, no hay tiempo para entender mucho más allá de lo que sucede con el protagonista y sus cercanos. Inevitablemente, hay algunos puntos en contra.
Karate Kid Leyendas viene a ser una película adolescente que goza de un espíritu liviano, más cinematográfico y comprimido que la serie de Netflix, pero igualmente llamativa como para conquistar en poco más de una hora y media. Su gracia radica en la unión de lo que ha sido la saga a través de los años, homenajeando incluso la filmografía de acción cómica de Jackie Chan y recuperando una vez más la presencia de Ralph Macchio. Esto además de ser una declaración sobre que Sony no está dispuesto a soltar una propiedad intelectual que aún puede estrujar.