THUNDERBOLTS - MARVEL

Reseña de Thunderbolts: Marvel sigue al debe

Tras verse atrapados en una trampa mortal tendida por Valentina Allegra de Fontaine, un equipo poco convencional de antihéroes deben embarcarse en una peligrosa misión que los obligará a enfrentarse a los rincones más oscuros de sus pasados, lo que los llevará a convertirse en los Thunderbolts.

La vara está muy baja como para gritar un triunfo. No es que Thunderbolts sea un fracaso absoluto; tiene buenas intenciones, pero falla considerablemente al ejecutar lo que se propone.

Venimos de un deslavado encuentro con el nuevo Capitán América, tras una seguidilla de producciones que no han podido estar a la altura tras Endgame. Y este equipo de antihéroes se esfuerza por conquistar con pautas diferentes a la fórmula agotada de Marvel. No solo quiere tener la acción rimbombante, sino que busca la exploración psicológica de sus antihéroes.

La existencia de este team tiene que ver precisamente con un arco de redención, de creer en una chispa de benevolencia entre la maldad. Por lo tanto, era inevitable subirse al carro de la salud mental, y la historia se encamina hacia allá y además tiene todo un hilo sobre la depresión. Con ello, incorpora ideas nobles que han sido abordadas antes en los cómics.

Pero en esos esfuerzos se queda corta. La película sólo rasguña la superficie de sus temáticas, teme ser despiadada, para no perder la típica faceta cómica/familiar del MCU y así se va diluyendo en escenas que a ratos incluso tienden a aburrir, sobre todo porque ya se han quemado hasta el hartazgo en los trailers.

La narración parte dinámica. Pone a la Yelena de Florence Pugh en el frente y el centro de la acción, siendo su descontento con la vida que lleva el motor de lo que se quiere contar. La falta de propósito le pesa, la mantiene desorientada y desprendida de sus objetivos. Es a través de esas emociones dañadas que va conectando con el resto de los personajes. Reunirse en un colectivo ya no parece tan desagradable, luchar en conjunto funciona hasta cierto punto.

Y si bien se dice que esta ES la película de Yelena, el guión se olvida de que hay más personajes en el tablero. El resto queda sitiado ante la presencia del personaje de Pugh y no se les da mucho más que hacer.

Bucky es prácticamente un pisa papeles. El soldado espía no sabe cómo abordar a una potencial contacto que lo ayude a concretar su misión. Esto es más ridículo aún, si se piensa en que el muchacho ahora está convertido en un político sin labia… Mmm… poco creíble. Curiosamente, más tarde ni siquiera sabe cómo elaborar un plan de ataque. ¿Qué está pasando?

Ghost importa poco y nada. Ni siquiera tiene escenas en las que brille por sí misma. Walker es un estereotipo de papito corazón, alimentando la personalidad bravucona que se presentó en Falcon and the Winter Soldier. Mientras que el humor de Guardián Rojo se basa en gritar y decir incoherencias, para luego admitir que su buenas acciones tienen que ver no con algo altruista, sino por el afán de obtener la gloria; alejando aún más la potencial empatía.

En tanto, Sentry termina desperdiciado con un remate que busca ser sensible pero parece la copia de otra película de Disney, sobre todo porque su alter ego, Bob, no tiene un desarrollo acabado para entender sus experiencias de abuso y autolesión.

Así el panorama, aquí nadie corre riesgos. Si muere alguien da lo mismo; si sobreviven, da lo mismo. Porque los personajes no importan, la acción no es emocionante, todo ya se vio previamente. Es lo mismo que ocurría con Joaquín en Capitán América 4, si explotaba en el aire no iba a herir sensibilidades.

¿Quieren algo emocionante? Es mejor ver el capítulo 4 de la serie Comando de Criaturas, que ilustrando el pasado de uno de los personajes que parece más insípido, te habla del temor a lo diferente y cómo el humano prefiere eliminarlo antes que intentar entenderlo. ¿Quieren algo con conexión emocional? Vean el último episodio de El Pingüino, cuando el espectador se da cuenta de que toda la temporada estuvo empatizando con un villano cuyo único interés es el bienestar propio, y que no le interesa la vida ni siquiera de quienes lo ayudan. Ahí hay ejemplos de desestabilizadores mentales y emotivos brutales en tramas de adaptaciones de los cómics y superhéroes.

Último ejemplo: Guardianes de la Galaxia Vol. 3 cuenta una historia similar a la de Thunderbolts, en torno a la devastación personal por traumas y carencias del pasado, sobre la familia, sobre la conjunción de personalidades diferentes, sobre trabajar en equipo. Pero todo eso lo hace bien. Por eso es la única película sólida de la era post Endgame en el MCU.

Thunderbolts se esmera, no hay dudas. Lo intenta, claro que sí. Pero dista de un resultado equilibrado que conecte con el espectador, sobre todo por cómo se inclina la balanza en la repartija de protagonismos en su trama y por cómo en algunos momentos llega hasta a ridiculizar a sus propios héroes. Marvel sigue al debe.

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