PECADORES - SINNERS

Reseña de Pecadores: ¡Una de las mejores películas de 2025! Carta de amor a los vampiros, la música y la cultura afroamericana

Intentando dejar atrás sus vidas problemáticas, dos gemelos (Michael B. Jordan) regresan a su pueblo natal para empezar de nuevo, solo para descubrir que un mal aún mayor los espera para darles la bienvenida. “Sigues bailando con el diablo, un día él te va a seguir a casa”, reza Pecadores como leitmotiv.

Cuando el cine de terror busca al menos erizar los pelos o hacerte saltar del asiento, es un mero vehículo de entretención. Sin embargo, cuando las historias del género, aparte de obtener esos objetivos superficiales, se complementan con ideas de retratos de la vida cotidiana, manifestando que realmente tiene algo que decir; podemos llegar a estar ante una obra cumbre.

Esto último es exactamente lo que pasa con Pecadores. Ésta es sin duda una película que marca el hito más alto hasta el momento en la carrera de Ryan Coogler. El director y guionista se aleja de las franquicias para poner sus monedas de oro en un trabajo realmente original. Un estandarte que se defiende por sí mismo, aprovechando el mito de un monstruo clásico para “encantar” al espectador con su hechizo en torno al vampiro, la música y por sobre todo la cultura afroamericana.

Coogler siempre ha impregnado de testimonios y declaraciones sobre la historia negra en Estados Unidos y el mundo a sus películas, pero aquí lo hace de una manera sobresaliente. Toma el vampirismo para replantearlo y lo convierte en una narrativa sobre la coartación de libertades políticas, sociales y económicas del afrodescendiente. Plantea cómo la abolición de la esclavitud fue sólo en papel, es una ilusión, porque la supuesta liberación racial siempre ha estado sometida a otras formas de inhibición. Está la cultura de la vida en las plantaciones de algodón, el abuso carcelario, las leyes de Jim Crow, las imposiciones de la religión, la condena de la creatividad y más.

La película está ambientada en 1932, pero hay estereotipos raciales negativos que perduran hasta el día de hoy, mientras continúa implícitamente la denegación histórica de muchos de sus derechos y ataques a la dignidad. Pero Coogler no habla sólo sobre la raza negra, al incorporar a personajes asiáticos, circunscribiéndolos al mismo contexto y experiencias, también habla del migrante. Y todo conecta con la actualidad.

Lo mejor es que se da tiempo para hacer todos estos puntos antes de desatar el infierno. Por eso, una vez que se desata la violencia, los personajes ya están conectados con la audiencia. Duelen los que se transforman, los que perecen y los que perduran.

Pero hay un elemento que afiata el tejido conectivo de la historia y la conexión con el espectador: el blues, el country, las melodías del sur estadounidense; suenan como el alma de la película. La música es alegría y fiesta, pero también lamento y protesta. La música funciona como armamento en la batalla y simbolismo de lo “endemoniado” para los conservadores. Es registro histórico y vanguardia en el potencial progreso de las comunidades y sus integrantes. La onda, la vibra, que impregna la música aquí es crucial. Ya sea en voz de los protagonistas o el alucinantemente magnético soundtrack compuesto por Ludwig Göransson.

Entonces, la monstruosidad se desata y el peligro acecha. Peligro cristalizado en el hombre blanco que quiere imponerse, aplastar, tomarse el poder, consumir a destajo. Es el magnate con intenciones poco decorosas, el integrante del Ku Klux Klan o el vampiro sediento de sangre.

En ese panorama todo impresiona. El sonido, la fotografía, las actuaciones. Coogler estruja a Michael B. Jordan quien derrocha talento con un doble personaje. Miles Caton debuta cargado de estilo con sus intervenciones musicales. Wunmi Mosaku, Hailee Steinfeld y Jayme Lawson aportan una sensualidad inusitada al film. Delroy Lindo despacha unos alivios cómicos de antología. Y Jack O’Connell se muestra más siniestro que nunca.

Se puede decir sin miedo: Pecadores es una de las mejores películas de 2025. Fácil y holgadamente. Esto es puro cine de una solidez irrebatible. Y sin duda es la mejor película sobre la opresión afroamericana desde BlackKklansman. Estamos ante una carta de amor a los vampiros, a la música y a la cultura afroamericana.

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