TIERRAS PERDIDAS - IN THE LOST LANDS

Reseña de Tierras Perdidas: Un batido amargo

Basada en relatos cortos de George R.R. Martin, In the Lost Lands sigue a una hechicera que viaja a las Tierras Perdidas en busca de un poder mágico que permite a una persona transformarse en hombre lobo.

La premisa es simple y no presenta mayores complejidades. Pero el principal problema de esta película es que quiere ser muchas cosas, y demuestra la ambición de sus anhelos, pero no consolida nada.

Primero busca plantearse como un thriller post apocalíptico, luego quiere convertirse en una road movie, para posteriormente introducir tintes de una impronta política en un cuento de ciencia ficción y fantasía. Con todo metido en la juguera, en una revuelta de componentes inestables, el resultado es simplemente un batido amargo.

Es la receta a la que lamentablemente nos acostumbró el director Paul W.S. Anderson, quien siempre trata de contar historias de alcances épicos, pero lo cierto es que nunca logra dar con un guión cuyas bases sean contundentes. Tal como en su exitosa pero vacía saga de Resident Evil, la acción y la entretención espectacular pero superficial parecen ser sus objetivos, aunque el poco compromiso y una ejecución lamentable terminan por traicionarlo. Ese su estandarte de batalla, uno que da la impresión de que el hombre dirige sin ganas y por apenas la necesidad de trabajar para subsistir.

Tierras Perdidas quiere obnubilar el ojo, pero los efectos no terminan de convencer. Aspira a dotar de rimbombancia a sus protagonistas con frases para el bronce y miradas rudas, pero no logra transmitir la intensidad que desea. Milla Jovovich está en piloto automático, tal como en la mayoría de sus películas. Dave Bautista no se desmarca del bruto con cara de malvado que le apetecen las buenas intenciones. Y la fuerza antagonista, una especie de religión caricaturizada por su exceso de malicia y poca astucia, puebla la producción con carne de cañón con reservas infinitas para ser faenada con las más variadas formas y en opacos colores.

Por otro lado, los escenarios dantescos flaquean por su pobre naturaleza digital. Y la narrativa trastabilla con aspectos que se vuelven repetitivos al inundar la pantalla una y otra vez, mientras al mismo tiempo se perjudica aún más con un caótico montaje y una aún peor edición. Por momentos, da la impresión de estar frente a una versión apócrifa de la filmografía de Zack Snyder.

El espectador quiere divertirse con el viaje; sin embargo, lo cierto es que el libreto es tan básico y sus giros están tan anunciados que, si se presta suficiente atención, incluso se puede adivinar los diálogos o lo que dará forma a los sucesos que vendrán a continuación.

Tierras Perdidas es una evidencia más de que Anderson no ha hecho una buena película desde Event Horizon (1997). Y que el único y verdadero legado de George R.R. Martin es la saga Canción de Hielo y Fuego, el sustento de Game of Thrones. La capa y espada, nada más. De ciencia ficción, ni hablar. Está película está tan en ruinas como el mismísimo universo que intenta retratar y ni eso consigue.

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