Bienvenido al mundo de Minecraft, donde la creatividad no sólo ayuda a crear, sino que es esencial para la supervivencia. 4 inadaptados se encuentran luchando con problemas ordinarios cuando se ven arrastrados a través de un misterioso portal hasta un extraño país de las maravillas cúbico que se nutre de la imaginación. Para volver a casa, tendrán que dominar este mundo mientras se embarcan en una búsqueda mágica con un inesperado experto artesano.
La trama es conocida: un grupo de perdedores o personajes agobiados por sus experiencias personales cruzan a un mundo de fantasía paralelo a la realidad, para descubrir su propio potencial mientras buscan cómo retornar a casa. Nada nuevo en ese departamento. Lo importante es el proceso.
Así que en materia de guión no hay mucho peso o relevancia. Puede que para algunos hasta se sienta vacía. La historia la hemos visto antes en otras producciones como Tron o en el remake de Jumanji, y su desarrollo no es muy diferente. Trazan un objetivo y luego trabajan como caballos de carrera, mirando siempre al frente, para conseguirlo.
Aún así, el texto lleva plasmada la idea de darle libertad a la creatividad -principal motor del videojuego que aquí sirve como inspiración- y, que tal despunte de imaginación, sirve tanto en los mundos de interacción digital como en la mismísima realidad, siendo ésta última donde más se pueden aprovechar tales recursos.
Warner Bros. usualmente presenta efectos visuales alucinantes y bien pulidos. No por nada la espectacularidad y escala de Dune funciona adecuadamente. Quizás para un proyecto menos ambicioso como la adaptación de un fenómeno de los videojuegos, se podría esperar una menor preocupación; pero ocurre todo los contrario. Las características formas cúbicas del material fuente cobran vida con detalladas texturas y brillantes colores. Es inevitable reconocer un gran trabajo allí.
Y no podría ser de otra forma: los personajes rozan lo caricaturesco -con un Jack Black exageradísimo en su propia dimensión de exageraciones- y los protagonistas se llevan al mayor carga en cuanto a la construcción de sus propias historias. Por lo mismo, los secundarios quedan un poco al debe, aunque todos cierran bien sus tramas.
Igualmente, uno de los aspectos más hilarantes de la entrega es ver cómo Jason Momoa -quien ha forjado su perfil en el entretenimiento como el hombre rudo y seguro de sí mismo-, aquí es una figura en decadencia que sufre los embates de golpes, rebotes y tragedias varias, como si fuese un Looney Tune. Mención especial también para Jennifer Coolidge, que con un papel menor sigue siendo graciosa y roba protagonismo con su presencia donde sea que vaya.
A diferencia de lo que se había expuesto hasta ahora, buscando dinamitar las bases de la propuesta, Una Película de Minecraft se defiende ofreciendo un viaje entretenidísimo, en el que no es necesario conocer el videojuego para disfrutar de su trama. Una travesía que hipnotiza con sus diseños y un pulido trabajo digital; acción imparable; chistes cortos cuya acumulación satura por momentos, pero funcionan a la larga con el tono de la producción; y unos personajes absurdos con los que el espectador termina encariñándose.
Si no estás abierto a una película ultra liviana, para la matiné de un domingo cuando no busca el agobio de un drama intenso; esto no es lo tuyo. De lo contrario, puedes dejarte llevar por una comedia que no tiene mayores ambiciones que evadir un rato la triste realidad.