Código Negro sigue al legendario agente de inteligencia George Woodhouse y su amada esposa Kathryn. Cuando ella es sospechosa de traicionar a la nación, George se enfrenta a la prueba definitiva: la lealtad a su matrimonio o a su país.
No hay como ver un elegante thriller de espionaje bien ejecutado. Uno que muestre la astucia de quien debe resolver el enigma, así como la perversidad de la estrategia concebida por el traidor para beneficio propio. Sobre todo si eso va maridado con un puñado de astutos y atrapantes giros de parte del guión, mientras hace crecer paulatimente la trama, proporcionando detalles que enaltecen el entramado desplegado y que al mismo tiempo eleva las apuesta sobre lo que está en juego.
Eso es exactamente lo que hace Steven Soderbergh en su más reciente película Black Bag, que a Latinoamérica llegó como Código Negro; y es una apuesta imperdible si el espectador busca una intriga que implica consecuencias colosales, pero que se desenmaraña entre apenas unos pocos personajes, potenciando la tensión, la historia y la sorpresa.
Una mano forzada intenta diezmar la carrera del protagonista implicando a su esposa, otra destacada espía. El «tecito» -o más bien la cena- se sirve para acrecentar las sospechas sobre otros involucrados en la estratagema. Todos actúan de manera curiosa, no se puede confiar en nadie. La atmósfera que se respira pone presión sobre el equipo completo.
Pero esta no es una película sobre mostrar «musculatura», en el sentido de grandes escenas de acción, rimbombantes visuales épicas o pirotecnia desenfrenada. La magia ocurre en los diálogos y en las acciones que concretan los personajes, cómo se desenvuelven en las situaciones y qué gestos engañosos los delatan. Y ahí está el encanto de este thriller de espionaje, uno cuya trama se desenvuelve en la sombras, solapadamente, constantemente acaparando la atención por sus detalles.
Eso sí, todos los atractivos de la película no serían lo mismo sin las actuaciones estelares de Michael Fassbender y Cate Blanchett, ellos impulsan la maquinaria, estimulando al resto de sus compañeros para que refinen la artesanía de su desempeño. Círculo que termina de cerrarse con una ineludible banda sonora de David Holmes, que le imprime a todo un sello ondero, una vibra de gran estilo, como ya se le había escuchado antes en las obras del mismo director.
Son dos de dos sólidas películas para Steven Soderbergh este 2025. Ojo, que igualmente cuenta con la buena compañía en el guión de David Koepp (Jurassic Park, Misión Imposible) para ambas producciones. Con Presencia experimentó en el ámbito del terror, subvirtiendo las expectativas con su narrativa omnisciente y desde el punto de vista del fantasma. Y, luego, en un plano completamente diferente, presenta Código Negro imprimiéndole la elegancia, la onda y los trucos similares a Ocean’s Eleven, la intriga de Out of Sight y exprimiéndole las capacidades interpretativas colectivas al elenco como si fuese The Knick. Soderbergh es pura garantía de atracción cinematográfica.