Better Man: La Historia de Robbie Williams

Reseña de Better Man: Alegrías, angustias y demonios en un musical descomunalmente atractivo ¡Imperdible!

Better Man narra la historia real del meteórico ascenso, la dramática caída y el notable resurgimiento de Robbie Williams, la superestrella del pop británico, considerado uno de los mejores artistas de todos los tiempos.

Si lo que uno busca en el cine es drama potente combinado en justa medida con espectáculo, entretención, locura y grandilocuencia; el director Michael Gracey dio con la receta precisa en la historia de Robbie Williams.

Desde el uso perfecto de las canciones del artista en la narrativa hasta la decisión creativa de convertir al protagonista en un mono -que está fenomenalmente diseñado con CGI y efectos visuales digitales que se funden con lo real-, todo funciona increíblemente en una biopic tan llena de emotividad como de fantasía, que ya se quisiera cualquier mega estrella actual.

Pero todo parte por la actitud. Desafiante y desadaptada, diferente y disruptiva; algo de lo que carecen las figuras del pop actual. Hoy todo es cuidado y protegido, deslavado, para no incomodar a nadie. Williams lo dijo en la promoción de la película: “todos temen dañar su marca, yo no”. Con ese espíritu en mente ya vale la pena verla, sobre todo porque él mismo está muy involucrado en la entrega como productor ejecutivo, como narrador y en la interpretación de los temas.

La apuesta no defrauda en ningún momento. Muy probablemente te tenga con los ojos llenándose de lágrimas en la emotiva interpretación infantil de Feel, incluso antes de que aparezca el título en el inicio de la producción. Y lo que viene después es el mejor ejemplo de ese cliché que se pintarrajea como una “montaña rusa de emociones”.

Lo fundamental es que Robbie Williams no le teme a nada, cuenta sus altos y también sus puntos más absolutamente bajos. Desde aceptar su “depresión clínica”, pasando por el trauma de la carencia afectiva paternal, su descenso a la perdición con las drogas y el alcohol, hasta la lucha con sus propios demonios -acoso que, por cierto, otorga toda una nueva dimensión al perfil del personaje-.

Esto mientras nos damos un paseo por la escena musical británica de fines del Siglo XX, en que no dejan de aparecer figuras reconocibles con influencias directas en la forma en que Williams ve la vida. Así asistimos al ascenso de Take That, el quiebre con sus compañeros de la boy band, el descubrimiento del amor como motor para su carrera solista, la violencia impuesta de una decisión crucial en su vida, además de una pérdida determinante; que son la culminación de su ahogo definitivo en la tristeza.

Y las canciones van añadiéndole una dinámica melódica sorprendente a lo visual, al mismo tiempo que abren un portal hacia la debacle psicológica y batalla espiritual que Williams escondió por años mientras alimentaba su carrera. Rock DJ tiene una coreografía descomunalmente atractiva en un plano secuencia inolvidable; Come Undone se vuelve violenta y cargada de ira; She’s the One se alza tan sensible como transformadora; y el momento de Angels es simplemente devastador. De hecho, la recomendación es tener un pañuelo cerca para este última instancia, porque la entrega simplemente arrasa con el espectador en ese pasaje.

Better Man habla de sueños hechos realidad. De hacer lo imposible, posible. De romper con los prejuicios y abrirse oportunidades. Pero sobre todo es una colorida exploración de la faceta más oscura de un artista de talla mundial. Autosaboteos psíquicos e ideaciones suicidas de por medio, la película sin duda también es esbozada como un relato de advertencia sobre las consecuencias de la ambición sin límites. Va más allá de la pérdida de la privacidad y el control de la rutina por la fama y el éxito, sino que también examina cómo éstos factores son capaces de abrir puertas a todo tipo de situaciones, pero sin una salud mental equilibrada de por medio, todo simplemente se puede ir al carajo.

Better Man tiene tanto de alegrías como de angustias. Qué importa que el protagonista sea un mono, su narrativa es contundente en temáticas tremendamente profundas y sobresaliente en espectacularidad y números musicales que afiatan aún más su exposición. Y para quienes se revolcaban en su ignorancia jactándose de no conocer a Robbie Williams, levantando una especie de anti-campaña contra la entrega: lo cierto es que la película es tan malditamente buena que no necesitas saber quién es para que te impacte con su trama y ejecución. ¡Gigantesca!

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