Capitán América: Un Nuevo Mundo sigue a Sam Wilson quien, tras reunirse con el recientemente electo presidente de los Estados Unidos, Thaddeus Ross, se encuentra en medio de un conflicto internacional. Debe descubrir la razón de un nefasto complot global antes de que el verdadero artífice detrás del mismo haga que el mundo entero entre en caos.
Lamentablemente, se está volviendo reiterativo esto: el estreno de una nueva película de Marvel convertido en un gran evento, que luego hace aguas una vez culminada la proyección.
El tráiler te muestra todo lo bueno o lo más brillante del vehículo, pero no hay mucho más en el resto. Es como cuando te compras un helado que trae incorporada su propia cuchara en el envase, dices ‘oh, qué práctico’, pero cuando lo estás disfrutando te das cuenta que te robaron todo el helado que podría haber ido en el espacio que ocuparon para poner esa cuchara en el recipiente. Pura frustración. Una desgracia. Amargura al final.
Y es que Capitán América: Un Nuevo Mundo entretiene y engolosina al espectador con escenas de acción que buscan ser espectaculares, pero el guión amarga la experiencia con una forma narrativa repetitiva y sobre expositiva. En las imágenes ocurren ciertas cosas, mientras en diálogos te reiteran lo que están haciendo. Y así sucede una y otra vez. Explican, se complican, sobre explican y muestran lo mismo que está en palabras. Y abusan de ello. Son como aquellas series animadas de los ochentas en que los personajes van diciendo lo que están haciendo al mismo tiempo que lo hacen. La película tiene 5 guionistas, cinco cabezas que no fueron capaces de pulir el libreto para ofrecer un mejor relato. Nada queda al interpretación, todo lo disertan como creyendo de buenas a primeras que se trata de una audiencia que no está atenta a lo que está viendo.
Harrison Ford está bien, furioso y mandón, pero trabaja con lo que le dieron. La verdad, es mucho mejor presidente en Air Force One (1997). Anthony Mackie, con todo lo carismático que es, no logra darle presencia potente a su personaje porque la historia no lo permite. Giancarlo Esposito se desperdicia en un villano para el olvido y sobre todo con escenas absolutamente ridículas (Acaso ahora nadie se va a quejar de los diálogos en español como lo hicieron con Selena Gómez por Emilia Pérez?). Tim Blake Nelson es el otro villano que, para ser quien tiene toda la carga de mover los hilos tras bambalinas, su cierre es simplemente terrible.
Por momentos la película quiere ser un thriller de acción, en otros una intriga política, además de ciencia ficción. Esquizofrenia total. La verdad es que nada importa, si muere o desaparece un personaje, da lo mismo; es que no existe conexión emotiva. Decían que Capitán América: Un Nuevo Mundo venía a cambiar considerablemente el panorama del MCU y ahora se puede confirmar que esa es una tarea que no cumple. Hasta los cameos los arruina, ya sea por el humor soso característico de Marvel o por el pésimo manejo de las sorpresas. Y lamentablemente la película hasta echa a perder la escena post-créditos, al entregar una información que todo el mundo ya conoce. Es la trigésimo quinta película de la saga, y el recurso definitivamente se agotó.
Esto va por el amor a la destrucción. No sólo porque hay un Hulk involucrado y que eso sea sinónimo de arrasar con toda estructura a su paso incluyendo la Casa Blanca. No. Esto tiene que ver con la debacle del Universo Cinematográfico de Marvel, a menos que pongan a cineastas realmente interesados en el medio y en recuperar el MCU, además de entregar libertad creativa para jugar con los personajes. De lo contrario, seguirá siendo una franquicia que parece haber vendido el alma al diablo y aún así no sacó réditos del pacto, sino que sólo hereda el daño colateral. Capitán América: Un Nuevo Mundo sólo eleva el temor por Thunderbolts* y Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos.