Seven / Los 7 Pecados Capitales

Reseña de Los 7 Pecados Capitales: Una película perfecta o por qué ver el reestreno de SEVEN en IMAX

Para nadie es ajeno que ésta es sin lugar a dudas una obra maestra de David Fincher. Y como espectador, por la forma en que se desenvuelve la trama, cómo se van desarrollando los personajes, el peso de su contenido filosófico, sus visuales y, claro, ese final inolvidable, se puede decir que ésta es simplemente una película perfecta. Difícilmente alguien podría poner a prueba esa afirmación.

Fincher te toma de tu asiento y te lleva a un viaje por un mundo oscuro, un policial de procedimiento que bebe mucho del cine negro y del noir, para examinar la decadencia de la humanidad a través del concepto de los 7 pecados capitales. Son la fuente de la maldad, el pozo putrefacto del que emanan el resto de los arrebatos pasionales que decantan en otros pecados o comportamientos considerados negativos para el desarrollo humano.

Desde esa mirada filosófica y religiosa es que el director va construyendo una intriga compleja, llena de cuestionamientos al individualismo y el egoísmo de la sociedad moderna, lo que decanta en una crisis moral que va provocando la declive de la ciudad.

La urbe aquí es un personaje. De eterna lluvia, paisajes de concreto oscuro, sucio, en que todo lo malo que puede ocurrir, ocurre. Una persona sale a correr para cuidar su salud y termina apuñalado y sin ojos. La gente muere por las calles. El conocimiento es reemplazado por entretención banal y de efímero placer. No se puede escapar de la degeneración. ¿Suena conocido? Seguramente.

El peso de esa atmósfera recae en dos policías muy bien delineados para la ocasión. Uno, el Detective Somerset, quien va camino al retiro, curtido, paciente, culto, conocedor de las mañas policiales y abierto a entender al asesino para atraparlo, aunque decepcionado del estado de la sociedad. Morgan Freeman desde siempre proyectando sabiduría. El otro, Mills, recién llegado, un aprendiz con buen humor, con ambición de reconocimiento, con pasta de héroe, desprolijo e inquieto. Brad Pitt demostrando el talento en potencia que cultiva hasta el día de hoy. La pareja dispareja se enfrenta en un escenario lúgubre a un asesino implacable con una misión entregada por “una fuerza superior”.

Lo más interesante es que el tercer personaje principal, el villano, se construye sólo por el relato de los detectives. Poco lo ves. Y tampoco hay necesidad de verlo mucho más. Su aparición es lo justo y necesario. Sabiamente, Fincher se guarda su identidad hasta el final. Lo construye como un mito, como una fuerza de la naturaleza incontrolable. Enfocado e inteligente. Y una vez que se revela, Kevin Spacey le hace justicia soberbia con su actuación. Calculador, calmado, esquivo, con mucho bagaje y por lo mismo intimidante.

Todos estos elementos y cómo están ubicados en la historia hacen que ésta sea una película perfecta. La fotografía llega a angustiar por su descomunal maridaje con la narrativa y una banda sonora que no hace más que elevar y elevar la tensión. La artesanía de Fincher en Seven es realmente un deleite.

Ahora, en su reestreno en IMAX la película llega remasterizada. De verla originalmente en VHS -porque uno no tenía la edad para ir al cine cuando se estrenó en 1995-, ahora se puede revisar con imágenes increíblemente nítidas, con un sonido que te vaciará el estómago y una experiencia que te rematará en el suelo con ese inolvidable final.

Sí, el final sigue funcionando de manera absolutamente impecable. Es un golpe en el estómago y un rodillazo directo a la cara. Estaremos eternamente agradecidos a ese sujeto que le entregó mal el guión a David Fincher. Es que esto iba a ser diferente, el estudio quería un remate justiciero para complacer a la audiencia. Horrible. Cuando le dijeron que ese no era el libreto definitivo, Fincher lo defendió hasta filmarlo y por eso estamos aquí, 30 años después: Seven es una película perfecta. Y en 30 años más lo seguirá siendo.

Deja un comentario