Sting: Araña Asesina

Reseña de Sting, Araña Asesina: Algo bueno puede salir de aquí… pero en el futuro

En Sting: Araña Asesina, Charlotte, una niña de 12 años que se siente incomprendida por su familia, encuentra una araña y decide adoptarla de mascota. El animal comienza a crecer velozmente y desarrolla un insaciable apetito por la sangre, poniendo a Charlotte, su familia y vecinos a correr por sus vidas.

Si eres aracnofóbico/a, este definitivamente va a ser un visionado tremendamente incómodo para ti. La protagonista de la película es una araña que cuenta con un particular origen, pero que por sobre todo se esconde entre rincones húmedos, suciedades varias, viscosidades, polvo y, por cierto, entre sangre y entrañas. Esas escenas en que camina por los rincones, a punto de dañar a su víctima, se acumulan en el metraje buscando elevar la tensión o al menos fomentar algo de inquietud en el espectador.

La verdad es que ese espectáculo de horror está garantizado con esta película de factura australiana, que no aspira a grandes metas más que erizar la piel y detonar la repulsión de quien observa.

Aunque la advertencia es necesaria: se trata de una película que tiene tanto de sustos como de risas. A través de personajes realmente caricaturescos, logra inyectarle un humor básico que podría provocarle gracia al espectador o enfurecerlo por sus ridiculeces y estereotipos. Es su naturaleza absurda.

O sea, lo que se obtiene de Sting es una combinación de tonos. En algunos momentos es más efectiva que en otros, mezclando terror con humor y algo de drama, pero sin duda se trata de una apuesta que hay que mirar bajo el prisma de una producción de los 80’s o 90’s que se coló en el mainstream, como para ser exhibida en salas.

Se trata de un esfuerzo que recuerda a esas películas de antaño como Critters, Leprechaun o Ghoulies. A eso juega esta entrega. No quiere ser mucho más que ser tan mala que termina siendo buena.

Bajo esa perspectiva, los más de noventa minutos que dura no se hacen tan pesados como se podría pensar. Se vuelven más bien un ejercicio nostálgico con una antagonista que pone los nervios de punta a cualquiera, por la sola connotación que tiene su presencia en el inconsciente colectivo.

Es tal el nivel de descaro de Sting, que incluso osa plantear una continuidad para su historia; porque en estos días quién no anhela en convertirse en una franquicia rentable. Terrifier partió horrible y fue mejorando con el tiempo, al punto de tener una tercera y cuarta entrega. Quizás algo realmente bueno «eclosione» de Sting en el futuro.

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