En Jurado Nº2,la nueva película dirigida por Clint Eastwood, Justin Kemp (Nicholas Hoult) es un hombre de familia que, mientras ejerce como jurado en un juicio por homicidio de gran repercusión, se enfrenta a un grave dilema moral: algo que podría usar para influir en el veredicto del jurado y, posiblemente, condenar o absolver al acusado.
En algún momento esto iba pasar y ahora ya lo estamos experimentando: grandes cineastas con historias pequeñas pero interesantes relegados netamente al streaming. Es la triste realidad que hoy enfrenta Clint Eastwood con su más reciente película que, aunque sólida propuesta, le arrebataron su derecho a llegar a los cines.
Y es realmente una de esas historias que vale la pena ver. Una trama que no tiene grandes giros dramáticos, dantescos efectos especiales o escenas de acción de gran calibre; pero si conduce al espectador a través de una narración de alta tensión.
Se trata de una premisa simple y que se ejecuta de manera rápida, con escenas cortas pero efectivas, gracias a su alta carga discursiva, para poner a prueba un sistema judicial que resulta no ser perfecto. Tal como los humanos que lo habitan, la forma en que la Justicia se administra se encuentra llena de trabas, pasos en falso y engaños.
De ahí que la película propone múltiples dilemas morales y éticos ante el espectador, dependiendo del punto de vista que se adopte. Esto en un escenario con el que Alfred Hitchcock habría quedado fascinado: esa atmósfera en la que “una bomba” está a punto de explotarle a los personajes en la cara, sin que la mayoría de los involucrados sepa, a excepción de la certeza que tiene el espectador. El peso del drama recae sobre quien observa, el suspenso ahoga, todo se vuelve denso.
Esto mientras Eastwood propone cuestionamientos a cómo la policía incurre en la “visión de túnel” cuando encuentra la explicación más fácil para cerrar un caso e ignora otras posibilidades; cómo los ciudadanos que cumplen con el deber de ser jurados a veces optan por la decisión más rápida y evidente, sin examinar del todo las evidencias para tomar su decisión; o aquellos que tienen el pie forzado en su voto para el veredicto, influenciados netamente por los prejuicios de sus experiencias personales. Así suma y sigue, el director subraya cómo el sistema no es infalible o… siquiera ¿justo?
Jurado #2 es Clint Eastwood funcionando a toda máquina y siempre apegado a ese cine realista, filmado de manera clásica, muy convencional pero efectiva. Impone situaciones extraordinarias -no fantásticas- a personajes con los pies en la tierra y, por lo mismo, se sienten como historias cercanas, con fibras de alta crítica contingente, y finalmente propuestas tremendamente atractivas que están perdiendo espacios en los cines, sólo porque no pertenecen a una franquicia o no son un gigantesco espectáculo. El viejo Clint nos ha entregado otro material sólido.