Tras llamar a la puerta equivocada, dos jóvenes religiosas son recibidas por el sospechoso Señor Reed (Hugh Grant). Cayendo en una trampa mortal, las adolescentes deberán enfrentar las consecuencias de haber ingresado a la casa de un extraño y encontrar la manera de escapar, en Hereje.
Uno de los mayores atractivos de género del terror es que no se somete a reglas estrictas más allá de las que se autoimpone. Una película de éstas tiene libertad absoluta incluso para incorporar otros géneros en la mezcla. Así se puede proponer lo que sea, es versátil y, aunque trabaje con elementos que escapen de la realidad, bien puede hablar holgadamente de experiencias que desatan inquietudes muy terrenales.
Aquí tenemos una película que presenta a un monstruo muy real. Un humano con serios problemas de autoridad, altos estándares cognitivos y, ciertamente, firmes convicciones sobre lo que implica la manipulación de las personas.
El «monstruo» aquí, interpretado por un sobresaliente Hugh Grant, siempre va un paso adelante de sus víctimas. Planifica, es organizado, meticuloso y tiene sus ideas claras. Es escalofriante. Es un villano que se siente muy real y por eso tremendamente amenazante.
Lo fundamental en la nueva apuesta de la siempre llamativa productora A24 es que en los diálogos ocurre todo. Estos son claves para elevar la tensión. Lo que se esconde en las palabras y sus interpretaciones es crucial en lo que se transforma en un análisis profundo de las religiones como formas de control. Una indagatoria que se nutre de la cultura popular para sentar las bases de ejemplos que ilustren claramente la triste verdad.
¿Cuál es aquella verdad? La de cómo el miedo y el terror son factores claves en el forjamiento del sistema de creencias personales. Cómo el raciocinio humano se somete ante la influencia de relatos preconcebidos por su necesidad innata de creer en algo; de aferrarse a una ideología, cuando las fuerzas flaquean.
Pero la película no se queda ahí, plantea cuestionamientos al espectador. ¿En qué creemos? ¿Con cuánta vehemencia lo hacemos? Y ¿qué estamos dispuestos a hacer para defender tales convicciones? Esas son sólo algunas de las interrogantes que plantea, cuando su naturaleza más filosófica se vuelve la perdición laberíntica de las víctimas de este psicópata letrado.
La actuación de Grant es clave. Es tan magnética como terrible. Inspira confianza y luego inseguridad. Pasa de ser un académico a un demente y luego vuelve a lo primero, sin mayor esfuerzo; aunque nunca pierde los cabales. Lo que es más atemorizante. Siempre pone a prueba a sus víctimas, las desafía con sus conocimientos. Presiona donde la fe se vuelve un cúmulo de dudas. Eso hasta que habla de los siempre interesantes conceptos de simulacro y simulación, eso que tanto apasionaba a Jean Baudrillard. ¿Qué es real? ¿Qué no? Las incógnitas continúan acumulándose.
El guión no quiere que el espectador abandone este buque de suspenso, violencia psicológica e intriga enfermiza. La narrativa está construida de tal manera que no se cansa de dejarte al borde del asiento, con múltiples giros e inesperadas situaciones.
Hereje coquetea con la capacidad discursiva de The Matrix (1999), también con la inolvidable angustia de Martyrs (2008) y hasta con las dudas sobre dudas que ancla The Man from Earth (2007). Quizás establece algo de incertidumbre por sus similitudes semánticas, pero se defiende con fuego y horror, y manufactura un viaje con identidad propia al punto de que termina inyectado desconfianza: ¿Ver para creer o creer para ver? La respuesta final está en cada uno, en lo que se asume por las experiencias personales, y por eso estamos ante una gran película.