Reseña de Moana 2: Divertida hasta que te das cuenta del engaño

Tras recibir una llamada repentina de sus ancestros navegantes, Moana deberá viajar a los lejanos mares de Oceanía adentrándose en peligrosas y olvidadas aguas para vivir una aventura sin precedentes en Moana 2.

No hay nada como reencontrarse con tus personajes favoritos. Una secuela busca ponerlos nuevamente en frente y centro de la memoria colectiva una vez más, incluso cuando éstos no lo necesitan por su tremendo viaje original que se quedó en el corazón de todos.

Y Moana 2 es entretenida, no arruina los planes de pasar un buen momento en el cine. Tiene una historia simple. Navega cómoda y descaradamente en lo establecido en la película anterior y busca ampliar el panorama de lo ya cosechado.

Cuando Moana rompe la barrera de las inquietudes de su padre, inevitablemente su mundo se expande. Es el camino a ser adulta por definición. Salir de la zona de confort, enfrentarse a incertidumbres de lo desconocido. Conocer que hay mucho más que lo familiar. Eso lo hacía la producción previa

Ahora la joven polinésica se embarca en una odisea que vincula más intrínsecamente su destino con el actuar de los dioses y, con ello, busca unificar la mitología de su pueblo.

La gente de su isla no son los únicos habitantes de este mundo y, para sobrevivir, se vuelve necesario poner en contacto a las distintas células de la Polinesia para colaborar y desarrollarse en todo sentido. La necesidad de unificar a desconocidos y subrayar la idea de la comunidad, por sobre la individualidad y el aislamiento, como una forma de prosperar es el mensaje principal de la película, sin duda.

Sin embargo, estamos ante una secuela que no se necesitaba. La entretención que entrega lo nuevo de Disney enmascara múltiples problemáticas, sobre todo porque la magia del crecimiento y la maduración de los personajes carece de todo atractivo aquí. Puede que canten, protagonicen hazañas de acción que engolosinen los ojos y conquisten corazones hasta cierto punto; pero gran parte de eso no posee identidad propia. No es una película que se defiende por sí misma.

Hay múltiples personajes nuevos, pero da la sensación de que son introducidos abruptamente en la trama. No se cultiva cariño por ellos, y lo que luego debería ser un despliegue de habilidades para justificar su presencia, tampoco sucede. Con ello quedan reducidos a meros alivios cómicos, incluso adornos para la protagonista.

El humor sufre una baja considerable en su nivel. Un chiste tras otro intenta ser gracioso, pero no todo conecta. Y en esa misma línea mucho depende de la película original. Te va a sacar risas, pero sólo porque ya lo experimentaste antes. De ahí que no hay mucha novedad, porque constantemente está recurriendo a las fórmulas ejecutadas por su antecesora. Incluso hay un par de meta-remates que parecen fuera de lugar y extemporáneos a la realidad de la trama.

Sumado a esto, las canciones se vuelven genéricas, hijas de un pop esquemático que intenta tocar las fibras del placer sensorial lo suficiente como para pegarse en los oídos masivos, aunque sin lograr el mismo encanto que las grandes canciones de Moana 1. La ausencia de Lin-Manuel Miranda es notoria en este apartado. Algunos temas funcionan mejor que otros, como el de Matangi y la propuesta que le asignaron a Maui. Pero la magia melódica no es la misma.

Todos estos puntos negativos no saltan a primera vista. Moana 2 te engaña en el primer visionado, porque es un panorama que no aburre y que deja la sensación de que lo pasaste muy bien. Pero luego las fracturas de su creación se muestran al darle un par de vueltas en la cabeza. La mayoría de los personajes concluyen sin mayores alteraciones al fin del recorrido. Sólo parece que cambiaron, pero no es algo radicalmente extraordinario como en la entrega de 2016. Falta un alma más contundente para este cuerpo de trabajo. Uno que mientras más se examina, más insatisfactorio se vuelve.

Deja un comentario