El Tiempo que nos Queda / We Live in Time

Reseña de El Tiempo que Tenemos: Una historia bonita

En El Tiempo que Tenemos, Almut (Florence Pugh) y Tobías (Andrew Garfield) coinciden inesperadamente en un encuentro que cambia sus vidas. A través de fragmentos —enamorándose, construyendo un hogar, formando una familia— se revela una difícil realidad que sacude los cimientos de su relación.

A veces cuesta encontrar una historia bonita entre tanto bombardeo de blockbusters y presentaciones rimbombantes. A veces se necesita una historia pequeña. Algo íntimo, algo que conmueva. Una trama que escape de efectos especiales y nos lleve a enfrentar la vida tal como es, a pesar de que pueda incluir sucesos extraordinarios que no escapen del marco de lo terrenal. Con lo positivo y lo trágico.

El Tiempo que Tenemos parte de manera abrupta. Parece que no te está entregando toda la información. Te introduces en las experiencia de una pareja de desconocidos y husmeas desorientado. Aún así desde el comienzo ya quieres saber más de estos personajes. ¿Cómo se conocieron? ¿Qué los llevó a unirse? ¿Cuáles son sus problemáticas? ¿Cuáles son sus desafíos y dificultades? Pero la fórmula en que la película expone las respuestas es paulatina y eso la hace más encantadora para los momentos emotivos e incluso para los más dolorosos.

La decisión narrativa de contar la historia de manera fragmentada, para ir potenciando progresivamente el clímax emocional, es muy sabia y acertada. Cuando vas uniendo los puntos en la cabeza, los personajes ya te han hechizado.

Aquí hay algo fundamental: la química entre Florence Pugh y Andrew Garfield es absoluta. Sin ellos esta historia no se cuenta o, al menos, no tendría la misma fuerza. Los actos cómplices, el romance, los desencuentros, dan actitud a lo que sucede en pantalla.

Así se logran momentos cruciales tremendamente poderosos. Hay una escena de alta tensión en la tienda de una estación de servicio que pega fuerte. Así como tiene la delicadeza de gestar situaciones sensibles que juegan con un cambio de roles en materia de clichés para los géneros. Aquí es él quien se deja llevar por sus emociones, tiende a la timidez, la estructuración de sus rutinas y quien se ve presa de reacciones más viscerales; mientras que es ella la más osada y rebelde, quien acentúa sus posiciones y defiende férreamente sus creencias.

Y aunque se pedía a gritos que los espectadores prepararan sus pañuelos y se aprestaran a llenar un balde de lágrimas, no hay que acudir engañados al cine: no se trata de una historia para sufrir incansablemente, sino que más bien para sentirse bien, a pesar del escenario adverso que enfrenta la familia.

No estamos ante una película grandiosa, que cambia el paradigma del género romántico o familiar. Hay otras entregas con temática similar, como Quédate a mi Lado (1998) o 50/50 (2011), que duelen más. Pero El Tiempo que Tenemos igualmente logra ser tan tierna como terrible, en una propuesta que es mayormente amable con el espectador para que este finalmente sienta una sensación de bienestar y hasta satisfacción al salir de la sala. Vale la pena verla sólo por esa recompensa.

Deja un comentario