Reseña de Wicked: El musical que se echaba de menos

Wicked está protagonizada por Elphaba, una joven incomprendida por su inusual color verde que aún no ha descubierto su verdadero poder, y Glinda, una popular joven sin una verdadera pasión y marcada por sus privilegios y su ambición. Las dos se conocen como estudiantes de la Universidad de Shiz en la fantástica Tierra de Oz y forjan una insólita pero profunda amistad. Sin embargo, tras un encuentro con el Maravilloso Mago de Oz, su amistad llega a una encrucijada y sus vidas toman sendas muy distintas.

El género musical ha sido vapuleado este año. Golpeado en el suelo. Sobre todo por culpa de la catástrofe llamada Joker 2. Pero aún si no hubiese existido aquel fracaso, es una vertiente del cine que divide. Convoca tanto a amantes como detractores, incluso cuando las obras tienen una correcta factura. Sin embargo, los anticuerpos que genera el hecho de que la narrativa se canalice a través de melodías y líricas pueden combatirse cuando la pieza en cuestión es lo suficientemente encantadora y busca reflejar temas transversales de la sociedad, que generen inevitable empatía.

De ahí, desde ese marco ideal, es que obtenemos Wicked. Éste es el musical que, como espectadores, merecíamos. Partiendo por ser muy entretenido y luego convirtiéndose en un gran show de atractivo despliegue, que también se gana la necesidad de verlo en pantalla grande.

Es una adaptación del montaje que se hizo para Broadway, que mantiene la teatralidad y encanto por el espectáculo tanto en la presentación de su propuesta visual, como en la ejecución de sus canciones. La energía que proyecta es gigante mientras evoca el imaginario literario de El Mago de Oz, de L. Frank Baum, pasado por el prisma de Gregory Maguire y su Memoria de una Bruja Mala.

Porque la historia aquí está contada desde el origen de quien posteriormente se convertirá en la malvada Bruja del Oeste. Aquí se entiende la radicalización de la villana y qué la conduce a su posición de antagonista.

Clave en la historia es la actuación de Cynthia Erivo, quien se adueña del personaje de piel verde para retratar a una joven marginada, una paria. Sometida a los maltratos de su padre primero y, posteriormente, blanco de bullying en la universidad, Elphaba pasa por todos los estados emocionales en un arco que la lleva a convertirse en la figura que todos aspiran a ser por su habilidades, pero que también es quien sufrirá las consecuencias de la envidia y la ambición del resto. Tildada como la rebelde, se pone a defender causas ajenas que hace propias y se instala como un bastión para destapar lo que realmente está ocurriendo en el reino.

Al mismo tiempo, Ariana Grande también ofrece un desempeño sólido. Es la estudiante blanca, privilegiada, superficial e ignorante -no confundir con inocente-, que desconoce el mundo que la rodea, carece de verdaderas capacidades, pero siente que merece todo por su posición social. El personaje a algunos les parecerá gracioso y hasta tierno en sus reacciones bobaliconas; pero en realidad es inmediatamente despreciable, es repulsivo. Es el bully popular celebrado por las masas. Por eso está tan bien lograba la interpretación de Grande. Y aun así, pareciera ser un estereotipo pero no lo es, porque en su desarrollo se va descubriendo su evolución y cómo es capaz de cambiar su personalidad.

Curiosamente, a Glinda le queda muy bien ese papel: el de ser la cómplice de los tiranos en un ambiente que evidentemente quiere hablar de totalitarismos y la imposición de ideales, de parte de una élite que disfraza su ambición con la preocupación por el bienestar de un pueblo que vive a la sombra de sus oscuras intenciones.

La película aborda así múltiples temáticas incluyendo como piedra angular la discriminación racial, no sólo por Elphaba sino que también por cómo se habla y se trata a los animales, miembros de la sociedad perseguidos por ser y pensar diferente. Tanto ella como ellos, son cuestionados por expresar sus pensamientos, mientras a otros se les mantiene bajo un status quo que se cubre con la gloria del espectáculo.

La única nota negativa es que por momentos los decorados parecen haber sido sacados directamente del teatro y no están tan pulidos como para lucirse en cámara, sobre todo en el tramo de la universidad. Y, como ya se está volviendo usual, el CGI queda al debe. En ocasiones los paisajes no convencen, sobre todo cuando se mezclan con efectos físicos y personas en movimiento. Ahí es donde quedan más en evidencia.

Aunque la primera hora parece un combinado entre Harry Potter y Mean Girls, Wicked luego cobra su propio tono y personalidad como para defenderse sola, como un gran musical. De esos clásicos, que se echaban de menos.

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