Después de que Santa Claus es secuestrado, en Código: Traje Rojo, el Jefe de Seguridad del Polo Norte (Dwayne Johnson) debe formar equipo con el cazarrecompensas más infame del mundo (Chris Evans) en una misión trotamundos llena de acción para salvar la Navidad.
No recuerdo que se haya estrenado una película tan grande sobre la época navideña. Una producción con elenco taquillero, apuntando derechamente a géneros populares como la acción y la comedia, con el apoyo de un estudio mayor, gozando de alto presupuesto y todo comandado por el hijo de un director con alta reputación. Si la hubo, no salta a la frescura de la memoria, se quedó en mi olvido.
Código: Traje Rojo quiere enmendar eso y en algunos aspectos le apunta al objetivo, en otros no tanto. Ésta es la clásica historia que quiere poner la bondad que supuestamente reina en la víspera justo al centro de la trama, para que sea un factor que logre trasformar al protagonista que «se ha desviado del camino de lo correcto». Básicamente, quiere corregir al rarito y rebelde que escapó del rebaño.
Es una película muy políticamente correcta en cuanto a mantener el status quo de las creencias mágicas en torno a las festividades. Busca insuflar de vida la mitología de Santa Claus, San Nicolás, Papa Noel, Viejito Pascuero o como sea que le llamen en el mundo; además de la horda de criaturas que puede llegar a rodearlo.
Todo para promover el positivo mensaje sobre que las personas pueden cambiar si se les presentan las oportunidades adecuadas y no se les condena tajantemente en base a sus decisiones previas. Aquí siempre está la posibilidad de mejorar.
Lo más atractivo es que este regalo viene envuelto en un paquete de imaginario fantástico creativo en sus diseños; con escenas de acción lo suficientemente atractivas para el ojo como para enganchar con sus dinámicas; un humor amable y liviano que explica hasta las más inverosímiles situaciones para el reparto de obsequios en el mundo; junto con postular que tras el funcionamiento de la maquinaria en torno a la fecha clave, existe una agencia que se preocupa que todo salga a la perfección asegurándose de proteger las mitologías.
Chris Evans eleva los tonos de su actuación con un desempeño más caricaturesco que lo se le había visto antes. Parece que entrenó para esta película con el cameo que hizo en Deadpool & Wolverine. En tanto, Dwayne Johnson está menos carismático que en otras oportunidades, hasta más solemne al cuidar el legado de Santa, pero es igualmente capaz de cargar con la película, sobre todo ahora que consiguió una dupla mejor que Ryan Reynolds, luego de la horrible Red Notice.
Pero, claro, no todo es un alegre villancico. La película peca de sobre exponer sus intenciones por medio de escenas emotivas que van cortando la acción y demorando aún más la próxima escena de alta carga cinética. Así, repite una y otra vez la inminente proyección de transformaciones que tendrán los personajes, a pesar de que sus comportamientos ya indican en qué dirección se van a inclinar.
En suma a esto, la película establece ciertos guiños sobre el pasado de los personajes que luego deja en el aire, sin profundizar mayormente en las experiencias que los forjaron como los conocemos ahora. Esa falta de conexiones son cabos sueltos que podrían haber enriquecido una narrativa que llega a un punto en que se siente pesada y tiende a agotar.
Con 20 a 30 minutos menos, restándole al ingrediente más emocional y dándole prioridad a la aventura, Código: Traje Rojo habría sido una propuesta mucho más sólida. Es un poco larga, pero la fantasía que construye en torno a Santa Claus es lo suficientemente entretenida para ser una correcta película de Navidad que entretenga a la familia.