En Hellboy: The Crooked Man, el legendario investigador paranormal se encuentra varado en la zona rural de los Apalaches de la década de 1950 con una agente novata de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal. Allí descubren una pequeña comunidad atormentada por brujas, dirigida por un demonio local con una inquietante conexión con el pasado de Hellboy: el Hombre Torcido.
A diferencia de lo que se dijo internacionalmente, este no es un bodrio absoluto. El asunto es comete un gran pecado: trata de asumir que el público masivo conoce acabadamente la mitología de Hellboy. Sinceramente, eso no es así.
Por mucho que el autor original Mike Mignola y los fans así lo quieran, el ideario de los cómics no permanece suficientemente vivo en el inconsciente colectivo como para llegar y digerir esta historia tal como fue concebida para la gran pantalla.
Eso probablemente provocará que a muchos espectadores les parezca extraño que ni siquiera exista una presentación de los personajes. Estos simplemente aparecen en escena y se adentran en la trama. No hay un perfilamiento acabado de los involucrados. Se habla de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal (B.P.R.D., por sus siglas en inglés), entidad para la que trabaja Hellboy, como si fuese algo muy impregnado en la cultura popular y se ahorran mayores explicaciones. Desde ahí las cosas se sienten incompletas.
Más allá de eso, los fans probablemente enganchen con la propuesta porque tiene su encanto folclórico y los suficientes elementos como para dar pie a una narrativa pequeñita en torno a un cuento de terror, una leyenda para asustar a los niños o el mito de boca en boca.
Y si bien ese espíritu se sostiene por momentos, igualmente presenta aspectos que no conectan. Por ejemplo, el maquillaje no es muy pulido, al punto de que distrae; en tanto que no tiene mayores sorpresas en su desarrollo; y, por otro lado, está el tema de que la atmósfera no se cultiva de una manera que atrape. Hay algo lúgubre, hay algo que acecha, no se sabe qué es; pero lo atractivo de la incertidumbre no es constante.
Hay pasajes de la trama que se sienten como caminar por la rutina de la vida diaria, sin amenazas, prácticamente todo da lo mismo, no hay riesgo, y hay otros en que el asunto se vuelve oscuro, lúgubre y temible. Esa inestabilidad en la propuesta alimenta dudas sobre su efectividad.
Hellboy: The Crooked Man es una película hecha por fanáticos para fanáticos. Es como un ejercicio amateur que no suma ni resta a la experiencia cinematográfica. Puede que no que genere mucha atracción en un público masivo poco familiarizado con el cómic, pero tampoco es una aberración que podría terminar ofendiendo a los seguidores de la saga en las viñetas.