A punto de embarcarse en una nueva gira mundial, la sensación del pop mundial Skye Riley (Naomi Scott) comienza a experimentar sucesos cada vez más aterradores e inexplicables. Abrumada por la escalada de horrores y las presiones de la fama, Skye se ve obligada a enfrentarse a su oscuro pasado para recuperar el control de su vida antes de que todo se vuelva un caos en Sonríe 2.
La primera película fue una absoluta sorpresa. Su idea de un mal contagioso, muy al estilo de It Follows, pero con una forma de transmisión menos íntima y más inadvertida para las víctimas, ciertamente inspiraba temor. Sobre todo en lo paradójico que se siente que su representación física tenga que ver con un gesto que se asocia a la alegría o la satisfacción. Ni lo placentero se puede escapar de lo maligno, era la proclama.
Tras el éxito, la secuela era inevitable. Y aquí estamos. En la continuidad de la historia radica la posibilidad de expansión del panorama para este mal y la ampliación de su mitología. Sin embargo, Sonríe 2 no logra hacer eso.
Lo que ejecuta es la replicación de la fórmula de su antecesora, multiplicando las escenas que aportan a entender el proceso de locura de la víctima de turno, mas no lo que está detrás de su causa. Esta vez con una cantante popular en vez de una psiquiatra en medio de la tormenta, aunque manteniendo el pasado extremadamente traumático. Y si estamos en esa, se puede hacer una película con un eslabón destacado en cada cadena de contagios, copiando una y otra vez la estrategia sin contar mucho más. Recordemos que en la película de 2022 se menciona la existencia de otras cadenas en el mundo, como por ejemplo en Brasil.
Lamentablemente, la secuela se queda corta a la hora de hacer una exploración más grande sobre la entidad que posee a las personas. No hay origen, tampoco más nociones sobre lo que sustenta la demencia. Apenas se plantea una nueva apuesta para contenerla, que prácticamente no arroja muchos resultados en el corto plazo y establece a gritos que esto quiere convertirse en una trilogía.
En ese marco de poca novedad y duplicación de sensaciones que dejó la película original, igualmente Sonríe 2 sorprende con escenas bien logradas. Hay una coreografía que involucra a múltiples personajes acosando a la protagonista en un departamento que es realmente escalofriante. También esa obsesión enfermiza por introducir cosas en las bocas de los afectados llega a retorcer las tripas. Así como además existe un sorprendente manejo de cámaras en la previa a un accidente de tránsito, que eleva satisfactoriamente la tensión antes de la tragedia. O, por otro lado, el intenso trabajo de sonido en conjunto con una estremecedora banda sonora compuesta por el chileno-canadiense Cristóbal Tapia de Veer, que se suman como aspectos positivos.
Son apenas chispazos de frescura que otorga la película al espectador de manera visual y sonora, los que se complementan bastante bien con una Naomi Scott comprometida con el personaje. La actriz se entrega a lo retorcido de la trama y no tiene problemas con babear, sufrir tormentos o protagonizar asquerosidades en pantalla. Su desempeño sólo le aporta a la entrega, a pesar de trabajar con un guión que flaquea en muchos de sus pasajes.
Hay intenciones que son efectivas en algunas de las ideas que propone Sonríe 2, como el hecho de aprovecharse del sentido del morbo innato que reside en el espectador. Algo que busca detonar cuando se presencia la desgracia de una famosa. Se nutre de esa sensación de adicción al escándalo del público, por la decadencia de una artista popular y cómo ésta misma también es sobre exigida por una industria que no piensa en el bienestar de las personas, sino que sólo en números y en el cumplimiento de metas. Básicamente, la caída de la ídola explotada.
Los planteamientos están, la fórmula exitosa también, el problema es que llega un punto en que da la sensación de que la película necesita urgentemente una condensación. Le sobran prácticamente 30 minutos, por culpa de escenas que se vuelven redundantes o quieren abusar de la elasticidad de la intriga.
Sonríe 2 inevitablemente apela a la paciencia del espectador. Y probablemente conquistará más a los fanáticos acérrimos de la fusión horror-suspenso, antes que al público masivo que simplemente quiere pasar una velada entretenida en el cine. Sin embargo, eso no será problema para la posibilidad de que exista una Sonríe 3.